La gran farsa del oro negro y los redentores de pacotilla

El Sermón del Redentor Caído

Desde el púlpito de la pureza moral recién estrenada, el Gran Pontífice del Autoperdón, Alejandro “Aladino” Moreno, lanzó sus sagradas tablas de la ley contra la política energética del régimen morenista. Con lágrimas de cocodrilo prensadas en petróleo, clamó que el gobierno no solo regala el oro negro, sino que lo hace precisamente a régimenes autoritarios, una categoría que, según los anales de la historia reciente, su partido ayudó a financiar y a los que recibió con alfombra roja cuando convenía a los intereses superiores de la nación.

La Economía del Espejismo

“Prometieron maná a diez pesos el litro y hoy nos venden el aire de la ilusión al precio del diamante”, tronó el líder, omitiendo sabiamente cualquier mención a los subsidios históricos que su propia camarilla dilapidó en gasolinazos disfrazados de estabilidad. La genialidad de su argumento reside en su simplicidad: el pueblo se desloma trabajando para llenar el tanque, mientras la nueva casta revolucionaria reparte el botín. Una imagen conmovedora, si no fuera porque describe con precisión quirúrgica el modus operandi de toda la clase política mexicana desde tiempos inmemoriales.

Los Nuevos Brutócratas vs. Los Viejos Sabios

“Los brutos de Morena no gobiernan, destruyen”, sentenció el estadista, en un alarde de proyección psicológica que haría palidecer a Freud. Mientras, desde el Senado, el senador Manuel Añorve, guardián de los datos duros que antes desdeñaba, reveló el escándalo del siglo: México se ha convertido en el mecenas energético de Cuba. ¡Qué descubrimiento! Solo faltó que añadiera que esto ocurre mientras el huachicol fiscal de antaño, aquel que floreció bajo la mirada benévola de sus colegas, se transforma mágicamente en diplomacia solidaria.

La Solidaridad como Negocio Transnacional

No es un hecho aislado, advirtió el senador con voz grave. Esta filantropía petrolera va de la mano de la importación de médicos misioneros cuyos salarios, pagados por el erario mexicano, terminan en las arcas del régimen habanero. Una circulación virtuosa de capital: de los impuestos del ciudadano mexicano a las cuentas del estado cubano, en un perfecto ejemplo de internacionalismo proletario financiado por el contribuyente capitalista. La ironía es tan densa que podría usarse para pavimentar una nueva refinería.

El Oxígeno Financiero para el Autoritarismo

Así, el crudo mexicano se transmuta en oxígeno financiero para sostener economías planificadas y controles políticos. La denuncia, por supuesto, llega ahora que los papeles se han invertido y el que reparte las cartas ya no es el mismo. El verdadero peligro, según el oráculo priista, es que esta beneficencia ideológica podría ofender al vecino del norte y poner en riesgo el sagrado T-MEC. Porque nada preocupa más a un nacionalista que la posibilidad de que Washington frunza el ceño, descubriendo que el juego de apoyar a regímenes incómodos no es un monopolio de una sola facción política.

Epílogo: La Farsa de la Seriedad Recuperada

El coro final pide una política exterior seria que devuelva la fortaleza a la nación. Una fortaleza que, según esta lógica, residía en aquellos gloriosos tiempos en que el petróleo y los principios se vendían al mejor postor, pero siempre con la elegancia discreta y la opacidad decorosa que caracterizaba al viejo régimen. En este gran teatro de la política, los papeles de villano y redentor se intercambian en cada acto, pero el guión —una sátira sobre la hipocresía, el cinismo y el saqueo institucionalizado— lamentablemente, sigue siendo el mismo.

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