Alimentos mexicanos, un rayo de esperanza en la asfixia cubana

Las bolsas llegaron a su casa. Guillermo Beltrán, de 70 años, padre soltero de dos hijas, recibió directamente el paquete. Arroz, frijoles, aceite, sardinas. Todo con una etiqueta reveladora: “Hecho en México”.

Esta escena se repitió en cientos de hogares. Es el resultado visible de una colaboración humanitaria anunciada por la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum. Una respuesta directa a lo que muchos en la isla describen como un cerco cada vez más apretado.

“Significa tremenda alegría… porque la situación nos la ha puesto difícil”, dijo Beltrán a The Associated Press. “A la presidenta mexicana hay que elevarla hasta el cielo”.

Pero, ¿qué desencadenó esta ayuda urgente? La historia tiene varias capas y comienza semanas atrás, lejos de La Habana.

Dos buques de la Armada mexicana atracaron la semana pasada cargados con ayuda. Su llegada no fue casual. Ocurrió dos semanas después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, amenazara con imponer aranceles a cualquier país que vendiera petróleo a Cuba.

Esa amenaza buscaba estrangular una fuente vital. Venezuela, aliado clave y proveedor de combustible para la isla, fue atacada el 3 de enero en una operación para capturar a Nicolás Maduro. El golpe fue doble: político y energético.

“Lo que han hecho es injusto… es un abuso”, se lamentó Beltrán, refiriéndose a las medidas contra Cuba. “Anoche hasta las qué horas sin corriente… es algo antihumano”.

Los barcos trajeron 800 toneladas de productos. Aún faltan por llegar 1,500 toneladas más de leche en polvo y frijoles. El gobierno cubano dice que esta ayuda está destinada a familias vulnerables en provincias específicas.

La televisión estatal mostró las entregas en las bodegas estatales. Roberto Román, encargado de una bodega en el municipio Plaza que atiende a 850 familias, confirmó el impacto: “La gente está muy agradecida con estas donaciones”, dijo a la AP.

Sin embargo, esta ayuda es una gota en un océano de problemas. La crisis económica cubana se arrastra desde hace años y las sanciones estadounidenses han intensificado el desabastecimiento y los apagones.

Un dato clave lo explica todo: Cuba produce solo el 40% del combustible que necesita. El resto dependía de aliados ahora bajo presión.

Rusia y China condenaron las acciones de EEUU, pero su apoyo, por ahora, ha sido mayormente declarativo. Mientras tanto, la vida diaria en la isla se transforma por la escasez.

Las calles de La Habana lucen vacías. Las autoridades otorgaron permisos temporales a triciclos y motos eléctricas privadas para suplir la falta de transporte público. La gasolina se vende solo en dólares y con cupos mínimos mediante una aplicación que agenda turnos con meses de anticipación.

El colapso es sistémico: aerolíneas cancelan rutas o hacen escalas técnicas en otros países porque Cuba no tiene combustible para aviones. Cines y teatros cierran sus puertas.

La donación mexicana alivia el hambre inmediata, pero no resuelve el apagón generalizado. Revela una verdad incómoda: Cuba está más aislada que nunca, y su supervivencia depende ahora de gestos humanitarios mientras su economía lucha por respirar.

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