AMLO rompe su retiro para condenar la captura de Maduro por Estados Unidos

La experiencia dicta que la política no se retira, solo muta

En mis años observando la arena política, he aprendido que los líderes con fuertes convicciones rara vez se apartan del todo. La noticia de la intervención militar estadounidense en Venezuela y la captura del presidente Nicolás Maduro es uno de esos eventos tectónicos que, lo he visto antes, obligan a salir de la sombra incluso a quienes han jurado alejarse. Andrés Manuel López Obrador, el expresidente mexicano, acaba de dar una lección práctica de ello.

Una reacción que va más allá de la diplomacia convencional

Desde su cuenta en la red social X, López Obrador no optó por un lenguaje diplomático templado. Lo he comprobado a lo largo de mi carrera: cuando se percibe un ataque a principios fundamentales, el discurso se carga de un simbolismo histórico potente. Calificar el operativo ordenado por Donald Trump como un “prepotente atentado” a la soberanía y un “secuestro” no es una mera opinión; es un framing estratégico, un intento de enmarcar el hecho en términos de un abuso colonial, algo que resuena profundamente en la memoria histórica latinoamericana.

La sabiduría práctica: invocar figuras que trascienden fronteras

Aquí es donde la experiencia marca la diferencia. Un comunicador novato podría haber lanzado solo una condena política. Un veterano, como muestra AMLO, entrelaza su protesta con un legado universal. Su declaración: “Estoy retirado de la política, pero mis convicciones libertarias me impiden callar (…). Ni Bolívar ni Lincoln aceptarían que el gobierno de Estados Unidos actuara como una tiranía mundial“, es un movimiento maestro. Al citar simultáneamente al libertador sudamericano Simón Bolívar y al presidente estadounidense Abraham Lincoln, símbolo de la unidad y la libertad, construye un puente moral. No es solo “ellos contra nosotros”; es una apelación a un ideal de soberanía y justicia que, en teoría, debería ser compartido. Esta es una lección que se aprende con los años: para desafiar una narrativa de poder, hay que anclarse en símbolos aún más poderosos y ampliamente reconocidos.

En definitiva, este episodio no es solo una nota informativa. Es un caso de estudio sobre cómo los líderes con trayectoria utilizan el capital político acumulado, el simbolismo histórico y los canales de comunicación modernos para intervenir en crisis globales. Demuestra que, en la práctica, la retirada política es a menudo un estado táctico, y que las convicciones profundas siempre encuentran una forma de expresarse cuando los principios considerados fundamentales están en juego. La complejidad reside en discernir dónde termina el principio soberanista y dónde comienza la defensa de un gobierno específico; un matiz que la experiencia enseña a navegar, pero que la declaración deja deliberadamente fusionado para lograr el máximo impacto.

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