Las cifras oficiales son frías, pero cuentan una historia alarmante. Más de siete mil personas han contraído sarampión en México en poco más de un año. Veinticuatro han fallecido.
Lo que comenzó como casos aislados ‘importados’ en febrero del 2025 se convirtió en una epidemia nacional. Hoy, el virus está presente en los 32 estados y en 252 municipios. La pregunta inevitable es: ¿cómo fue posible esta propagación?
Al rastrear los datos, un patrón emerge con claridad escalofriante. Las autoridades sanitarias señalan que más del 90% de los contagios corresponden a personas sin antecedente de vacunación. Los números hablan por sí solos.
“Los cuadros graves se presentan principalmente en población con esquemas incompletos, malnutrición o sistemas inmunológicos debilitados”, reconoce la Secretaría de Salud.
La tragedia tiene rostro infantil. El grupo más golpeado son los pequeños entre uno y cuatro años, con más de mil casos. Le siguen los niños de cinco a nueve. Chihuahua y Jalisco concentran la mayor cantidad de las muertes reportadas.
Frente al avance del brote, la respuesta ha sido una campaña masiva de inmunización. Se han aplicado más de 11.8 millones de vacunas entre el 2025 y las primeras semanas de este año.
El llamado oficial es claro: revisar la cartilla de salud y completar los esquemas. Subrayan que la vacuna es segura, gratuita y la principal barrera contra esta enfermedad que, se suponía, estaba bajo control.
La narrativa oficial habla de vigilancia epidemiológica permanente y estrategias de respuesta rápida. Pero las cifras de contagios y fallecimientos plantean una duda persistente: ¿se actuó con la suficiente celeridad? El mapa extendido del sarampión sugiere que hay lecciones por aprender.


















