Café Tacvba retira su catálogo de Spotify en una protesta ética y artística

El grupo mexicano Café Tacvba ha dado un paso significativo y deliberado al solicitar a sus discográficas, Universal Music México y Warner Music México, la retirada completa de su catálogo musical de la plataforma de streaming Spotify. Este movimiento no es una decisión aislada ni impulsiva, sino que se enmarca dentro de un creciente malestar en la comunidad artística internacional respecto a las prácticas de negocio y las alianzas corporativas de la principal plataforma de audio en línea.

Rubén Albarrán, vocalista y figura emblemática de la banda, comunicó la decisión a través de un video en sus redes sociales oficiales. Con una trayectoria consolidada de treinta y cinco años, ocho álbumes de estudio y un legado que define una parte fundamental del rock en español, la postura de Café Tacvba carga con un peso considerable dentro de la industria musical latinoamericana. Su acción trasciende la mera protesta para convertirse en un posicionamiento público de principios.

Las razones expuestas por Albarrán son múltiples y de carácter sistémico. En primer lugar, la banda critica las inversiones de Spotify en empresas de tecnología de defensa y armamento, un sector que consideran incompatible con su visión humanista. En segundo término, señalan la aceptación de publicidad por parte de la plataforma para organismos como el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE), entidad cuya actuación ha sido controversial en materia de derechos humanos. Un tercer pilar de la protesta es la remuneración económica, calificando las regalías que reciben los artistas como “de miseria”, un problema estructural y recurrente en el modelo de negocio del streaming. Finalmente, expresan su rechazo al uso no regulado de la inteligencia artificial en la creación y distribución musical, que perciben como una amenaza para la integridad artística y los derechos de los creadores.

Albarrán fue preciso al aclarar que, por contrato, son las discográficas las que detentan los derechos de explotación de su catálogo. Por lo tanto, la solicitud formal se dirige a estas empresas para que ejecuten la baja “por contravenir nuestra visión artística y nuestra ética tanto personal, como de la banda”. El tono del mensaje, más que una petición, es una exigencia fundamentada en la coherencia ética. Paralelamente, la banda redirigió a su audiencia hacia otras plataformas digitales donde su música permanece disponible, indicando que el objetivo no es dejar de escuchar su obra, sino hacerlo en espacios alineados con sus valores.

Este gesto coloca a Café Tacvba dentro de un movimiento de boicot más amplio, simbolizado por el hashtag #boicotspotify. Desde hace meses, artistas de diversos géneros y latitudes han expresado su descontento y llamado a la acción colectiva. La banda se une así a nombres de peso internacional como los británicos Massive Attack, quienes también retiraron su música recientemente, y a una lista de más de mil artistas —entre los que figuran Björk, King Gizzard & The Lizard Wizard, Deerhoof y Godspeed You! Black Emperor— que han adoptado medidas similares contra plataformas vinculadas a conflictos geopolíticos específicos, según recoge el portal nomusicforgenocide.org.

La decisión de Café Tacvba pone sobre la mesa un debate profundo sobre la sostenibilidad y la moralidad en la era digital de la música. Cuestiona hasta qué punto los artistas, especialmente aquellos con un catálogo histórico valioso, pueden ejercer control sobre el contexto en el que su obra es comercializada. Más allá del impacto inmediato en la disponibilidad de su música, la acción funciona como un llamado de atención a la industria: el valor artístico no puede disociarse indefinidamente de las prácticas corporativas. Es un acto que combina la crítica económica —la lucha por una remuneración justa— con una postura política y ética clara, desafiando el modelo pasivo en el que los creadores simplemente se limitan a distribuir su trabajo sin cuestionar los canales que utilizan. El efecto a largo plazo de este tipo de movimientos colectivos aún está por verse, pero sin duda marca un precedente para otros artistas en la región y reconfigura la relación entre el arte, el comercio y la conciencia social.

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