El Congreso de la Ciudad de México dio un giro histórico al aprobar, por unanimidad, una reforma que prohíbe la exhibición física de perros y gatos en establecimientos comerciales. Esta modificación a la Ley de Bienestar Animal busca erradicar un modelo obsoleto que trataba a los seres vivos como objetos decorativos en vitrinas o jaulas restrictivas.
Hacia un comercio ético y digitalizado
El nuevo paradigma, que entrará en vigor en un año, traslada la comercialización y los procesos de adopción al entorno digital. La interacción se realizará exclusivamente mediante cita previa, gestionada a través de plataformas en línea o centros de atención telefónica. Este sistema no solo moderniza el proceso, sino que prioriza el bienestar del animal sobre el impulso de compra.
La normativa exige que el encuentro ocurra en un espacio diseñado específicamente para garantizar la comodidad y la expresión conductual natural de la mascota, siempre bajo la supervisión de un médico veterinario certificado. Terminada la cita, el animal debe regresar a su alojamiento habitual, prohibiendo explícitamente su pernocta en zonas de atención al público.
Garantías sanitarias y sanciones contundentes
La ley establece un protocolo integral de salud: solo se podrán transar animales esterilizados, desparasitados, clínicamente sanos e identificados con microchip, cuyos datos deben figurar en el certificado de compra. Este enfoque promueve la tenencia responsable desde el origen.
El incumplimiento de estas disposiciones conlleva sanciones económicas severas, con multas de hasta tres mil veces el valor de la Unidad de Medida y Actualización (UMA), enviando un mensaje claro sobre la seriedad del compromiso.
Un paso legislativo con visión de futuro
Diputados como Jesús Sesma calificaron la votación como un logro histórico, instando a otras entidades federativas a replicar este marco legal progresista. Manuel Talayero enfatizó que la capital deja atrás décadas de cosificación animal, avanzando hacia un modelo de comercio consciente donde la dignidad del animal es el centro de la transacción.
Esta reforma posiciona a la Ciudad de México a la vanguardia de la protección animal, alineando la legislación con una ética contemporánea que rechaza la explotación y abraza la corresponsabilidad en la convivencia con otras especies.

















