Un caza estadounidense A-18F surca los cielos del Caribe. No es un paseo turístico. Es el preludio de una operación que Washington llama “combate al narcotráfico” y que otros tildan de algo mucho más oscuro.
Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos anunciaron este martes tres ataques contra embarcaciones en el Pacífico oriental y el mar Caribe. El saldo: 11 personas fallecidas. El Comando Sur, en un comunicado oficial, las identificó como “narcoterroristas”.
Dos ataques ocurrieron en el Pacífico, con cuatro muertos cada uno. El tercero, en el Caribe, se cobró tres vidas. Las autoridades estadounidenses sostienen que las naves transitaban por rutas de narcotráfico conocidas y eran operadas por organizaciones designadas como terroristas.
Sin embargo, hay un detalle crucial. No han presentado evidencia pública que confirme que los buques transportaban sustancias ilícitas. La afirmación se sostiene, por ahora, en la palabra oficial.
Estas acciones forman parte de la Operación Lanza del Sur (Southern Spear), una campaña militar lanzada en septiembre de 2025. Su objetivo declarado: combatir el narcotráfico en América Latina y el Caribe. Desde su inicio, se han destruido decenas de embarcaciones y las muertes superan el centenar.
Pero la controversia crece al mismo ritmo que la cifra de bajas. Expertos legales y legisladores demócratas han alzado la voz.
Señalan que este tipo de ataques podría constituir ejecuciones extrajudiciales y violar el derecho internacional.
El gobierno estadounidense, por su parte, se defiende. Sostiene que sus acciones son legales y necesarias para contrarrestar a organizaciones criminales que, aseguran, amenazan la seguridad regional.
Mientras el debate sobre la legalidad se calienta en los despachos, en aguas internacionales la política se ejecuta con fuego real. La línea entre la lucha contra el crimen y la acción militar unilateral parece más difusa que nunca.

















