Un Crimen que Desafía la Lógica de la Protección: ¿Dónde Falló el Escudo?
El jueves 8 de enero, la noticia del homicidio de Carlos Castro, un joven periodista especializado en sucesos, en el municipio de Poza Rica, Veracruz, no es solo otra estadística luctuosa. Representa la undécima vez que, bajo la actual administración federal, se apaga violentamente la voz de un profesional de la comunicación, desnudando un sistema de protección a periodistas que parece operar con una lógica burocrática y reactiva, en lugar de una visión preventiva y estratégica.
Según los reportes, el ataque ocurrió dentro del establecimiento TrogueBirria, en la colonia Cazones, donde Carlos recibió impactos de bala que le causaron la muerte instantáneamente. La Fiscalía General del Estado de Veracruz inició una investigación, pero la historia reciente de impunidad en casos similares proyecta una sombra de escepticismo sobre la celeridad y eficacia de la justicia.
La Paradoja de un Escudo Caduco: Protección que Expira
La trayectoria de Carlos Leonardo Ramírez Castro, de 26 años, director y reportero del portal Código Norte Veracruz, era conocida. Su cobertura de seguridad pública, hechos policiales y la temida nota roja lo situaban en la primera línea de riesgo. Había colaborado con medios como Vanguardia y La Opinión de Poza Rica, y al momento de su muerte trabajaba para Portal Enfoque. La Comisión Estatal de Atención y Protección de Periodistas (CEAPP) lo había identificado como vulnerable, otorgándole medidas de protección en 2024.
Aquí reside la falla sistémica crítica: esos mecanismos de seguridad caducaron cuando él salió del estado y, crucialmente, no se reactivaron a su regreso en agosto de 2025. Este detalle, confirmado por la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, es más que un error administrativo; es un síntoma de un protocolo que trata a las personas como casos de archivo, no como vidas en riesgo dinámico y permanente. La protección no puede ser un servicio con fecha de vencimiento cuando las amenazas son constantes.
Veracruz: El Epicentro de un Riesgo Sistémico
Este crimen refuerza la trágica reputación de Veracruz como uno de los entornos más hostiles para el ejercicio del periodismo en México, especialmente para quienes investigan los tentáculos del crimen organizado y la corrupción. Organizaciones como Reporteros Sin Fronteras (RSF) han alertado que 2025 fue uno de los años más letales para la prensa mexicana en el último trienio, situando al país como el segundo más peligroso del mundo, solo después de Gaza.
La condena de la CEAPP y del Observatorio sobre libertad de expresión es necesaria, pero insuficiente. Cada asesinato no resuelto envía un mensaje de permisividad a los agresores y de desamparo a los comunicadores. La comunidad periodística exige justicia, pero también una reingeniería completa de los esquemas de protección, que deben ser proactivos, personalizados, permanentes y dotados de recursos reales. La verdadera disrupción no está en cubrir la violencia, sino en diseñar sistemas inteligentes que permitan narrarla sin pagar con la vida. La pregunta disruptiva es: ¿cómo transformamos un mecanismo reactivo y burocrático en un ecosistema de seguridad anticipatoria y colaborativa?















