La Desaparición del Estímulo: ¿Un Frenazo a la Economía o un Acelerón hacia la Realidad Energética?
Este miércoles no solo se cierra un año calendario; se clausura una era de ilusión fiscal. El llamado estímulo a la gasolina y el diésel, ese parche gubernamental para contener la presión inflacionaria, se esfuma. Pero, ¿y si en lugar de verlo como una pérdida, lo observamos como la remoción de un anestésico que nos impedía sentir el verdadero costo de nuestra adicción al carbono?
El Precio Real Emerge: Más Allá del Litro en la Bomba
El Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) recupera su mordida completa. A partir del 1 de enero de 2026, los montos serán de 0%, un eufemismo técnico que significa: la fiesta subsidiada terminó. Las nuevas cuotas –6.70 pesos para Magna, 5.65 para Premium, 7.36 para diésel– no son solo números. Son un termómetro de una economía que debe decidir si sigue financiando su propio paradigma obsoleto.
El gobierno, en un movimiento de realpolitik económica, mantiene un acuerdo para contener el precio de la Magna en 24 pesos. Una decisión que protege al consumidor masivo, pero que simultáneamente crea una distorsión de mercado. ¿No es esto perpetuar una dependencia de grado inferior, mientras se castiga la elección de combustibles más refinados? Es una metáfora perfecta: subsidiamos la mediocridad energética mientras penalizamos la eficiencia.
La Recaudación que Habla: Los Números de una Transición Forzada
Hablemos claro. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) no está perdiendo un gasto; está recuperando una recaudación monumental. 405,077 millones de pesos en once meses de 2025, un aumento del 7.8%. Este torrente de dinero público plantea la pregunta disruptiva: ¿Y si estos recursos, en lugar de evaporarse en el subsidio al consumo, se redirigieran masivamente a la infraestructura de una movilidad eléctrica, al transporte público de altísima calidad o a la investigación en hidrógeno verde?
Los analistas hablan de “presiones sobre los consumidores”. Es una visión cortoplacista. La presión real ha sido la comodidad artificial. La eliminación del apoyo es un shock de realidad que podría ser el catalizador definitivo. Imaginen: ¿Qué pasaría si el aumento repentino en el costo del diésel acelerara la renovación de flotas de carga hacia tecnologías más eficientes en un 50%? ¿Si el golpe a la Premium hiciera que la próxima compra de un automóvil de lujo fuera, irrevocablemente, un vehículo eléctrico?
Hacia un Nuevo Paradigma: Del Subsidio al Consumo a la Inversión en Futuro
El status quo nos dice que esto es malo para el poder adquisitivo. La visión lateral propone que es una oportunidad brutal para redefinir lo que adquirimos. Dejamos de comprar litros de un pasado contaminante y empezamos a demandar kilómetros de transporte público eficiente, inversión en ciclovías seguras y estímulos reales a la generación distribuida de energía.
El fin del estímulo fiscal no es el final de un apoyo. Es el principio de un examen de conciencia colectivo. Nos fuerza a conectar puntos: cada peso que ya no se quema en la bomba puede ser un peso que se invierte en la transición. El gobierno gana recaudación, sí. El verdadero desafío revolucionario es qué hace con ella. ¿Seguirá parchando un sistema moribundo o tendrá la audacia de usar este capital para financiar la ruptura? La respuesta definirá no solo el precio de la gasolina, sino el costo de nuestro futuro.














