¡Alerta máxima! La implacable helada, digna de las estepas siberianas, ha descendido sobre la blanca Mérida. Los termómetros marcaron hoy la escalofriante cifra de nueve grados centígrados, un evento climático tan extremo que no se veía desde el lejano y gélido año de 2016.
Ante esta emergencia polar, las instituciones han desplegado todo su aparato técnico. Un comité con un nombre tan extenso como el frente frío número 29 ha sido movilizado para estudiar el fenómeno. Su veredicto es científico e inapelable.
“Se trata de la temperatura más baja para la capital yucateca desde el año 2016”, declaró el Comité Institucional para la Atención de Fenómenos Meteorológicos Extremos.
El pánico se extiende más allá de la capital. En el Cono Sur, los valientes habitantes soportan ocho grados. En el centro del estado, diez. Es una invasión ártica meticulosa y graduada, que respeta jerarquías territoriales.
Protección Civil ha emitado un comunicado crucial: el aire frío seguirá aquí. Mañana, los termómetros podrían volver a caer hasta los diez grados. La recomendación oficial para enfrentar este episodio glaciar es simple y profunda.
La ciudadanía, entre consternada y perpleja, busca abrigos que no había necesitado desde hace casi una década. El verdadero frente frío parece ser el que se forma entre la burocracia climática y lo risible de declarar una catástrofe por una mañana fresca. El absurdo nunca tuvo mejor temperatura.

















