El Gran Muro Arancelario y la Salvación de los 350 Mil Elegidos

En un acto de deslumbrante clarividencia económica, la Máxima Conductora de la Nación ha desvelado el Edicto Protector de la Mano de Obra Nacional, una obra maestra de ingeniería fiscal que, con la precisión de un relojero suizo, salvará exactamente trescientos cincuenta mil almas de las garras del desempleo global. No uno más, no uno menos. Una cifra tan redonda y milagrosa que solo puede ser fruto de un cálculo divino o de una sofisticada máquina de pronósticos alimentada con sueños patrios.

Este Escudo Sagrado, que entrará en vigor cuando el calendario marque el inicio de un nuevo año de gracia, 2026, protegerá a las industrias sacrosantas –la automotriz, la siderúrgica, la del calzado y el vestido– de la herejía de la competencia extranjera. Su bendición se derramará sobre una geografía selecta de estados favorecidos, creando una suerte de Arca de Noé industrial donde solo las especies laborales aprobadas tendrán un asiento garantizado. El resto del mundo animal económico deberá arreglárselas nadando.

La Gran Sacerdotisa del Desarrollo con Justicia fue enfática al aclarar que este acto de caridad fiscal obligatoria no dañará a ningún país en particular. Es una medida de amor universal, como una bofetada cariñosa, que no afectará para nada nuestras relaciones de fraterna explotación comercial con aquellos continentes con los que, casualmente, no hemos firmado tratados. Una fina línea diplomática trazada con tiralíneas de oro.

La Santa Recaudación y el Coro de los Bendecidos

El objetivo, nos cuentan, es el Desarrollo con Mayúscula, un concepto tan etéreo y bello que justifica cualquier medio. La medida fue recibida con lágrimas de júbilo y aplausos unánimes por el Concilio de Siglas Sagradas (CONCAMIN, CANACERO, AMIA y demás letanías), quienes vieron en este paquete la materialización de sus plegarias corporativas. Se nos asegura que no habrá inflación, porque los precios, conmovidos por el patriotismo del decreto, han prometido no subir. A muchos productos se les ha dejado su arancel anterior, un acto de misericordia que sin duda será recordado en los anales de la benevolencia estatal.

Plan México“, lo llaman. Un nombre tan modesto como el proyecto faraónico que representa. La inversión pública y privada, ahora bajo el paraguas protector del Estado, fluirá como la miel en la tierra prometida, creando empleos por generación espontánea. El mecanismo es simple: se ponen barreras, se recauda el tributo de treinta mil millones –una cifra que suena a rescate de reyes– y la prosperidad brota por arte de magia burocrática.

La Evangelización Comercial de los Paganos sin Tratado

Mientras tanto, los misioneros de la Secretaría de Economía y Relaciones Exteriores saldrán a predicar la buena nueva a los pueblos que aún no han firmado nuestro evangelio comercial. Les explicarán, con paciencia infinita, que nuestro muro no es de ladrillos, sino de buenas intenciones y aranceles, y que su función no es excluir, sino seleccionar el amor que entra por las fronteras. El empleo nacional, ese dios caprichoso, queda así a salvo, custodiado por la sagrada trinidad del decreto, la recaudación y el discurso inmutable.

Temas Relacionados:

RELACIONADOS

Ultimas Publicadas

Matamoros

¿QUÉ PASO AYER?

Scroll al inicio