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El gran rescate burocrático de siete rehenes domésticos en Mérida

Una operación de rescate revela el esperpento burocrático y mediático en el manejo de un conflicto doméstico convertido en espectáculo estatal.

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El Gran Teatro de la Seguridad Ciudadana

En un despliegue de fuerzas que bien hubiera envidado el general Patton, el glorioso aparato de seguridad yucateco movilizó sus más preciados recursos para una misión de alto riesgo: rescatar a siete diminutos rehenes de las garras de la peor amenaza doméstica imaginable: su propio progenitor.

La épica comenzó cuando una dama de exóticas tierras alaskeñas, tras un acalorado debate marital sobre la superioridad de sus respectivas culturas de origen, decidió elevar el conflicto a categoría de crisis internacional. ¿El motivo? El consabido secuestro express de la prole, práctica tan antigua como el matrimonio mismo pero que ahora requiere intervención estatal, mediática y hasta paramédica.

Las fuerzas del orden, alertadas por el grito de guerra materno, desplegaron el protocolo completo: desde la Unidad Especializada para la Prevención de la Violencia Familiar hasta el batallón de paramédicos que, para su decepción, encontraron a los secuestrados perfectamente alimentados y viendo cartoons en pleno cautiverio.

El clímax de esta operación relámpago ocurrió en el temible fraccionamiento Residencial Solana, donde los pequeños rehenes fueron localizados tras una ardua investigación que consistió en… seguir las indicaciones de la madre. ¡Oh, hazaña detectivesca!

Finalmente, los niños fueron trasladados en caravana triunfal hasta el cuartel general de la SSP, donde se procedió a la emotiva reunión familiar bajo estricto protocolo legal. Porque nada cura mejor las heridas emocionales que un buen trámite burocrático.

Así, el sistema demostró una vez más su eficiencia para convertir un conflicto conyugal en un espectáculo institucional, gastando recursos suficientes para alimentar a un orfanato completo en la detección de lo obvio: que los padres a veces se pelean y usan a los hijos como arsenal emocional.

¡Bravo por nuestro teatro de seguridad nacional! Donde cada drama doméstico merece su propio escenario, su elenco de funcionarios y su correspondiente nota de prensa.

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