El IMSS y el arte moderno de dar altas prematuras

En un alarde de eficiencia burocrática que dejaría sin aliento a cualquier contador, el Instituto Mexicano del Seguro Social ha perfeccionado un nuevo protocolo: la alta express. El caso del señor Raúl Salazar Nieves, de 78 años, es un manual de instrucciones.

Ingresó por politraumatismo, fractura de cadera y golpe en la cabeza tras un accidente. Veinticuatro horas después, con la elegancia de quien despacha un paquete postal, el IMSS lo declaró listo para volver a casa. Su hija relata:

“Ya no tuvimos otra opción, aunque mi mamá no quería que lo dieran de alta por su estado. Nos lo tuvimos que llevar”.

La familia protestó por escrito. Pidieron observación. La respuesta institucional fue una obra maestra del performance: sacaron al anciano al pasillo. El mensaje era claro: la camilla es un bien más preciado que el diagnóstico.

En su domicilio, su salud se desplomó. Médicos privados hallaron saturación de oxígeno entre 58% y 62%, y riesgo alto de infarto. Un detalle menor, al parecer, para los genios que firmaron el alta.

Al regresar al hospital, la recepción fue digna de un sketch absurdo. Primero se negaron a atenderlo. Solo cuando los familiares mencionaron buscar apoyo en Derechos Humanos, las puertas giratorias institucionales se abrieron.

Pero el verdadero toque surrealista llegó después. La familia denuncia que no permitían darle agua o comida básica. Y en un giro tragicómico:

“Mi madre encontró al camillero comiéndose la comida destinada a mi papá”.

Aquí no hay errores aislados. Hay un sistema que opera bajo una lógica perversa: los pacientes esperan en sillas, son atendidos en camillas si hay suerte, y solo acceden a una cama cuando otra persona la desocupa. Es una lotería macabra donde la gravedad clínica compite con la disponibilidad mobiliaria.

La hija resume la farsa con una verdad dolorosa:

“Mi padre no es un desecho por ser una persona mayor”.

En este gran teatro de lo absurdo llamado salud pública, el IMSS parece haber confundido su misión. En lugar de sanar, practica el arte del desalojo eficiente. Donde debería haber cuidado, hay indiferencia calculada. Donde debería haber dignidad, hay camilleros devorando la ración del enfermo.

Es una sátira tan grotesca que duele. Y lo peor es que nadie está riendo.

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