La supervisión presidencial del Polo de Desarrollo Económico para el Bienestar en Tlaxcala se presentó como un acto de consolidación. Sin embargo, tras el discurso oficial y las fotografías protocolarias, surgen preguntas que exigen una investigación más profunda. ¿Qué se esconde detrás de la eficiencia del modelo que tanto se elogia?
La Presidenta Claudia Sheinbaum, acompañada por la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros, recorrió las más de 50 hectáreas que albergarán a siete corporaciones, tanto nacionales como extranjeras. La narrativa oficial es clara: colaboración, crecimiento y empleo. Pero un periodista persistente debe indagar más allá del comunicado de prensa. ¿Cuáles son los nombres de esas empresas y los montos exactos de su inversión? ¿Qué contraprestaciones o estímulos fiscales se han otorgado a cambio de su instalación?
El término “modelo muy eficiente” utilizado por la mandataria sugiere una fórmula replicable. No obstante, la eficiencia, en el léxico del desarrollo económico, puede medirse de múltiples formas. Documentos internos y testimonios de actores locales no siempre citados podrían revelar una capa distinta: presiones sobre el territorio, disputas por el agua y la mano de obra, y el fantasma de los empleos precarios. La verdadera historia no solo se escribe en los planos del proyecto, sino en las comunidades aledañas.
La colaboración público-privada es el eje de este polo. Sin embargo, la historia reciente de México está plagada de ejemplos donde esta alianza ha derivado en opacidad. Un escrutinio riguroso exige preguntar: ¿los protocolos de licitación y adjudicación de los terrenos fueron totalmente transparentes? ¿Existe un estudio de impacto socioambiental integral y de acceso público? La promesa de creación de empleos, bandera de cualquier proyecto de esta envergadura, merece un seguimiento constante, no solo un anuncio inaugural.
Al conectar los puntos que parecen inconexos—la ubicación estratégica del estado, el perfil de las industrias invitadas y los tiempos políticos—se vislumbra un panorama más complejo. Este polo no es un hecho aislado; es una pieza en un tablero geoeconómico mayor. La revelación significativa para el lector podría ser esta: el desarrollo anunciado con bombos y platillos debe ser medido no por las hectáreas comprometidas o el número de firmas, sino por su capacidad real para transformar, de manera sostenible y equitativa, la vida de los tlaxcaltecas. La supervisión de hoy es solo el primer capítulo de una historia cuyo desenlace está por escribirse.

















