En el marco de la 37 Reunión de Titulares de Embajadas y Consulados (REC) 2026, un evento que he visto evolucionar a lo largo de décadas, se vivió un encuentro de alto nivel que refleja una lección aprendida a fuerza de experiencia: la verdadera fortaleza de la acción exterior reside en la cohesión interna. La Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), la Secretaría de Gobernación (Segob) y el Poder Legislativo se dieron cita no solo para un protocolo, sino para un reconocimiento tácito al servicio exterior mexicano, esos hombres y mujeres que son el rostro de nuestro país en la compleja arena global.
La coordinación interinstitucional: más que un discurso, una necesidad operativa
Al encabezar la REC en la sede de la Cancillería, el canciller Juan Ramón de la Fuente puso el dedo en la llaga de un principio que, en la práctica, marca la diferencia entre una gestión reactiva y una proactiva. Su afirmación sobre que la política exterior humanista requiere una estrecha coordinación interinstitucional va más allá de la teoría. He sido testigo de cómo iniciativas se diluyen cuando los actores trabajan en silos. La verdadera transformación, la que se comunica al mundo, nace de un esfuerzo orquestado donde la representación popular, a través del Legislativo, y la gestión interna, vía Segob, caminan junto a la diplomacia. Este triángulo de poder —ejecutivo, legislativo y administrativo— es el andamiaje que da solidez y legitimidad a nuestra voz internacional.
El encuentro del canciller con la titular de Segob, Rosa Icela Rodríguez; la presidenta del Senado, Laura Itzel Castillo; y la presidenta de la Cámara de Diputados, Kenia López Rabadán, no fue una foto casual. Fue la materialización de ese principio, un mensaje claro al cuerpo consular y diplomático de que cuentan con un respaldo unificado desde casa.
La diplomacia en acción: proteger, comunicar y dignificar
Rosa Icela Rodríguez destacó con acierto el papel de nuestros representantes como la “voz” de la transformación nacional. Pero, desde la experiencia en terreno, sé que esa voz debe traducirse en acciones concretas. Su mención al programa México te Abraza es un ejemplo palpable. Ante las siempre volátiles políticas migratorias de potencias como Estados Unidos, la red consular se convierte en la primera línea de defensa y contención para nuestros connacionales. Es ahí donde la teoría humanista se vuelve logística, apoyo emocional y repatriación asistida. Es la diplomacia con los pies en la tierra.
Por su parte, la senadora Laura Itzel Castillo reafirmó los pilares de una política exterior de principios: la dignidad humana como eje, la cooperación sin subordinación. Esto, que suena a declaración de manual, se prueba en fuego en negociaciones comerciales o en foros multilaterales donde la presión por ceder soberanía es constante. Defender la solución pacífica de controversias no es pasividad; es una postura estratégica que requiere de una firmeza cultivada con paciencia y astucia.
El reconocimiento de la diputada Kenia López Rabadán al trabajo “humanista, congruente y honorable” del servicio exterior resume un ideal al que se aspira. La congruencia, en particular, es un bien escaso en la vida pública. En diplomacia, significa que el discurso de la sede central debe coincidir con la acción en el consulado de frontera o en la embajada ante un organismo internacional. Cuando hay fractura, se pierde credibilidad, la moneda más valiosa en relaciones internacionales.
El respaldo legislativo: el sustento de la acción exterior
La presencia de los presidentes de las Comisiones de Relaciones Exteriores de ambas cámaras, Alejandro Murat Hinojosa (Senado) y Pedro Vázquez González (Diputados), no es un detalle protocolario. En mi trayectoria, he aprendido que ningún canciller o embajador puede sostener una posición a largo plazo sin el aval y el entendimiento del Congreso de la Unión. Ellos son el puente con la voluntad popular, los apropiadores de presupuestos y los validadores de tratados. Su participación activa en foros como la REC es una inversión en alineación estratégica que evita futuros desencuentros y fortalece la posición negociadora del país. Es, en esencia, construir política de Estado, no solo de gobierno.
















