En un giro narrativo que la realidad supera a la más cáustica ficción, la majestuosa Serpiente de Acero del Progreso Nacional, conocida plebeya y burocráticamente como el Tren Interoceánico, decidió tomarse un desvío pastoral inesperado en la campiña oaxaqueña. No fue un simple traspié logístico, sino una alegoría en movimiento, una metáfora de hierro retorcido que descarriló el relato oficial de infalibilidad.
Desde el luminoso palacio de cristal de la gobernación veracruzana, la Suma Sacerdotisa del Desarrollo, Rocío Nahle García, ofició el ritual contemporáneo de la condolencia. Con la precisión de un parte meteorológico, confirmó que la ofrenda humana al dios Progreso incluía a dos hermanas y un caballero del sagrado municipio petrolero de Minatitlán. Sus nombres, Patricia, Onoria y Rogelio, fueron brevemente elevados al panteón de las estadísticas oficiales, donde el número trece adquirió un peso metálico y funesto.
El Protocolo del Dolor: Una Coreografía Bien Ensayada
“Activamos el protocolo”, declaró la mandataria, frase que resuena con el eco hueco de un manual de relaciones públicas aplicado al duelo. ¿Qué encierra este sagrado protocolo? ¿El envío de pensamientos y plegarias institucionales? ¿La meticulosa clasificación de ciudadanos en categorías: fallecidos (para el olvido mediático), heridos graves (para la compasión temporal) y contusos (para el alta rápida)? Tres mujeres de Coatzacoalcos, edades 22, 21 y 48, ahora protagonistas involuntarias de este drama, yacen en el templo sanitario de Ixtepec, monumentos vivientes a la fragilidad humana frente al coloso de acero.
El Parte de Guerra de la Marina: Cifras que Calman la Conciencia Colectiva
Mientras, la Secretaría de Marina, custodia de los nuevos íconos de la soberanía, emitió su boletín numérico. De las doscientas cincuenta almas que confiaron su travesía a la obra faraónica, el balance se reparte con fría eficacia: trece ascendidos a mártires del desarrollo, ciento nueve tocados por la gracia de la atención médica y treinta y cuatro con el privilegio de una hospitalización prolongada. La cifra total de decesos se mantiene, firme e inmutable como un dogma, en ese trece que la gobernadora veracruzana confirmó con la solemnidad de quien lee un acta de defunción colectiva.
Así, el sueño interoceánico, esa cinta de acero destinada a unir mares y discursos, demostró su primera ley física no escrita: la inercia del triunfalismo oficial es inversamente proporcional a la fuerza de los rieles sobre los que corre. La próxima estación, señores pasajeros, será la de la reflexión, siempre y cuando el convoy de la retórica no vuelva a descarrilar.















