El progreso estalla en mil pedazos en Pesquería
En un sublime acto de alquimia moderna, los ciudadanos de Pesquería han logrado transformar una vivienda común en un espectáculo pirotécnico de proporciones dantescas. La noche del viernes, el ingenio humano, aplicado al almacenamiento ilegal de explosivos, demostró una vez más que las regulaciones son meras sugerencias para mentes iluminadas que ven en el negocio de la pirotecnia un atajo hacia el sueño industrial.
El resultado, como era de esperar en toda empresa de alta rentabilidad y nula supervisión, fue una fuerte explosión que ofreció a los vecinos un despliegue de fuerzas de emergencia mucho más impresionante que cualquier festival patronal. El saldo, una trágica y previsible estadística de tres personas fallecidas y seis lesionadas, sirvió para rediseñar el paisaje urbano: tres viviendas convertidas en escombros y otras 19 con daños parciales, un pequeño precio a pagar por el dinamismo económico.
La sagrada economía subterránea
Las pesquisas, realizadas por los siempre fiables testimonios de los vecinos, revelaron el corazón del asunto: un visionario emprendedor había decidido que su hogar era el lugar idóneo para unir la vida doméstica con el comercio de cohetes. ¿Para qué molestarse con almacenes seguros o permisos burocráticos cuando se tiene un sótano o una recámara libre? Esta lógica, impecable en su simplicidad capitalista, es el verdadero motor del crecimiento en las zonas de auge industrial.
El ritual de la investigación post-desastre
Fieles a un guion escrito y reescrito en mil tragedias previas, las autoridades locales han iniciado una solemne investigación. Prometen escrutar las circunstancias con el fervor de quien descubre el fuego por primera vez y juran tomar medidas para que este suceso no se repita. Es el eterno baile de la culpa y la promesa, un minueto burocrático que siempre llega un estruendo tarde.
Una lección de historia y contradicciones
Fundada en 1629 con el piadoso nombre de Hacienda del Espíritu Santo, Pesquería ha evolucionado desde su origen como “lugar de pesca” a un escenario donde el progreso muestra su rostro más cínico. Mientras la ganadería y la agricultura sustentaban la vida con ritmo pausado, la instalación de gigantes como KIA Motors trajo una nueva fe: la de la inversión extranjera y el desarrollo a toda costa. El episodio de la pirotecnia no es más que una consecuencia lógica, un síntoma de una comunidad atrapada entre su pasado bucólico y un futuro donde hasta los cohetes se almacenan junto a la cocina, en nombre del crecimiento.















