El Senado impulsa la exportación del aguacate mexiquense a Estados Unidos

Una Oportunidad que No Podemos Dejar Pasar

Desde mis años en el sector agroexportador, he visto cómo una sola firma puede cambiar el destino de una región. La noticia de que el Senado de la República prepara un punto de acuerdo para abrir el mercado estadounidense al aguacate del Estado de México me trae a la memoria los primeros envíos de Michoacán: un camino lleno de desconfianza, trámites interminables, pero finalmente, éxito. Esta iniciativa, que apunta a que el fruto esté disponible para el próximo Súper Bowl, no es solo un trámite; es la llave para una transformación económica profunda.

Lecciones Aprendidas: Más Allá del Papel

La senadora Mariela Gutiérrez Escalante acierta al enfocarse en eliminar barreras administrativas y agilizar los trámites fitosanitarios. La teoría dice que cumplir normas es suficiente; la práctica, vivida en campos y puertos, te enseña que la agilidad es tan crucial como la calidad. He visto cargamentos perfectos perderse por un sello que llegó tarde. El verdadero desafío no es producir un aguacate excelente—el Estado de México, tercer productor nacional, ya lo hace—sino navegar el laberinto burocrático con la misma destreza con que se cultiva la tierra.

El Corazón del Asunto: Integrar al Pequeño Productor

El detalle más alentador de este punto de acuerdo es su enfoque en integrar a los pequeños y medianos productores. En el pasado, he sido testigo de cómo los grandes acuerdos comerciales solían beneficiar solo a los grandes consorcios, dejando atrás a las comunidades que son el alma de la producción. Las más de 12 mil 941 hectáreas en el sur de la entidad no son solo un número; son familias, jornaleros, economías locales que respiran gracias al “oro verde”. Incluirlos directamente en los programas de fomento es la única manera de generar un desarrollo justo y sostenible.

Un Objetivo Concreto: Calidad, Coordinación y Confianza

La coordinación con las autoridades sanitarias para garantizar la inocuidad y calidad es el pilar no negociable. Estados Unidos es un mercado exigente y riguroso. Una anécdota que siempre comparto: un solo embarque con una plaga no detectada puede cerrar puertos durante meses, arruinando la reputación construida durante años. Por eso, las mesas de trabajo que se proponen son vitales. No se trata solo de vender; se trata de construir una relación de confianza donde el aguacate mexiquense se convierta en sinónimo de excelencia y cumplimiento.

En definitiva, esta iniciativa va más allá de un evento deportivo como el Súper Bowl. Es una apuesta estratégica para diversificar los orígenes de exportación, fortalecer la economía local y demostrar que, con voluntad política y conocimiento práctico, se pueden derribar las barreras que limitan el potencial de nuestros productores. El camino no será fácil—nunca lo es—pero el primer paso, el de reconocer y actuar sobre la oportunidad, ya está dado.

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