Han transcurrido más de tres semanas de incertidumbre y el expediente oficial parece tan vacío como el lugar donde fue visto por última vez Jesús Guadalupe Camargo Loya. Colectivos feministas y de la diversidad sexual en Guasave, Sinaloa, confrontan no solo la angustia de la ausencia, sino un muro de silencio institucional. Su demanda es clara y punzante: ¿qué ha hecho realmente la Fiscalía General del Estado para localizar al joven defensor de 24 años?
La investigación de EL MANANA revela que la desaparición, reportada el 8 de diciembre, se envuelve en un limbo de versiones oficiales vagas. Las activistas, con un escepticismo fundado tras décadas de casos similares, exigen respuestas concretas. Una pregunta resuena con fuerza: ¿se han cotejado ya los perfiles genéticos de la familia de Camargo con los de cuerpos no identificados hallados en la entidad? La genética forense, una herramienta crucial, parece ser otra incógnita en un proceso opaco.
Un defensor conocido, un riesgo latente
¿Por qué la alarma es mayor en este caso? Fuentes cercanas al movimiento subrayan un dato crucial: Camargo Loya no era un ciudadano anónimo. Su rostro y su voz eran reconocidos en la lucha por los derechos humanos en el municipio. Este perfil público transforma su desaparición en un acto de alto impacto, sembrando el temor de que pueda tratarse de una represalia por su activismo. “Temen que algo malo pueda sucederle”, afirman sus compañeras, una frase que encierra la trágica estadística mexicana sobre defensores desaparecidos.
La ficha de búsqueda y lo que no dice
La Comisión Estatal de Búsqueda emitió una ficha con sus datos físicos: 1.80 metros, complexión media, tez morena clara. Sin embargo, este documento burocrático, accesible a cualquier ciudadano, contrasta con la ausencia de información operativa. ¿Qué pistas se han seguido tras su última comunicación telefónica? ¿Se han rastreado sus movimientos financieros o digitales? Las preguntas se acumulan frente a un relato oficial fragmentado.
La narrativa del olvido y la presión ciudadana
El verdadero motor de esta búsqueda no reside en los escritorios de la fiscalía, sino en la tenacidad de los colectivos. Su pronunciamiento público es un acto de resistencia contra la narrativa del olvido que suele imponerse en fechas festivas. Insisten en que las investigaciones no pueden “detenerse”, desafiando la inercia institucional. Su vigilancia constante es el único faro en este caso, conectando puntos que las autoridades parecen ignorar: la trayectoria del activista, el patrón temporal y el ominoso silencio posterior.
La conclusión de nuestra indagación es alarmante. La desaparición de Jesús Camargo pone al descubierto no solo la vulnerabilidad de los defensores de derechos, sino el protocolo de opacidad que demasiadas veces sigue a estos hechos. La revelación final es que, a 22 días, la verdad no se ha extraviado junto con la víctima; parece estar deliberadamente oculta tras la falta de transparencia de quienes tienen el deber constitucional de encontrarla. La sociedad civil, una vez más, se erige como la última trinchera contra la impunidad.















