La situación es un polvorín. Mientras Irán y Rusia realizan ejercicios navales conjuntos, un segundo portaaviones estadounidense, el Gerald R. Ford, navega hacia la región. Washington y Teherán intercambian advertencias mientras las conversaciones sobre el programa nuclear iraní siguen sin dar frutos.
Donald Trump ha dado un ultimátum: cree que de 10 a 15 días es “tiempo suficiente” para llegar a un acuerdo. Pero la realidad sobre el terreno pinta un escenario diferente. Las negociaciones llevan años estancadas.
“Aunque Irán no busca tensión ni guerra y no iniciará una guerra, cualquier agresión de Estados Unidos será respondida de manera decisiva y proporcional”, advirtió Amir Saeid Iravani, embajador iraní ante la ONU.
Esta semana, las maniobras iraníes incluyeron fuego real en el Estrecho de Ormuz, un punto neurálgico por donde pasa una quinta parte del petróleo mundial. Un movimiento que no pasa desapercibido.
Más allá de la retórica, los preparativos son concretos. Un alto funcionario estadounidense, hablando bajo condición de anonimato, reveló que se prevé que las “fuerzas completas” para una posible acción militar estén listas para mediados de marzo.
“Con los años se ha demostrado que no es fácil llegar a un acuerdo significativo con Irán, y tenemos que llegar a un acuerdo significativo. Si no, suceden cosas malas”, expresó Trump este jueves.
La presión también viene desde dentro de Irán. Se realizan ceremonias en honor a los manifestantes fallecidos hace 40 días, donde se escucharon gritos contra el gobierno. La tensión es interna y externa.
Mientras tanto, aliados europeos actúan. Polonia instó a sus ciudadanos a salir de Irán “de inmediato”. Alemania retiró personal no esencial de una base en Irak. Son movimientos que hablan de una expectativa real de escalada.
El centro de estudios Soufan Center detalló el envío esta semana de 50 aviones de combate más (F-35, F-22 y F-16) a la región, sumándose a los cientos ya desplegados.
Israel, por su parte, se prepara abiertamente. Benjamín Netanyahu fue claro: “Estamos preparados para cualquier escenario”. Su advertencia a Irán fue contundente: “experimentarán una respuesta que ni siquiera pueden imaginar”.
El núcleo del conflicto sigue siendo el mismo: Estados Unidos e Israel exigen que Irán recorte su programa de misiles y rompa lazos con milicias. Teherán insiste en que solo hablará de su programa nuclear, que asegura es pacífico.
Con un portaaviones acercándose, aviones desplegándose y ejercicios con fuego real, la diplomacia corre contra el reloj. Las palabras aún vuelan, pero los barcos y los aviones ya están en movimiento.

















