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La Alameda Central lucha entre el abandono y la ocupación ilegal

Un icónico parque enfrenta desafíos entre restauraciones fallidas y la convivencia con protestas económicas.

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¿Qué pasaría si transformáramos el deterioro de la Alameda Central en un laboratorio de innovación urbana? Este parque, pionero en América y declarado Espacio Abierto Monumental, hoy refleja una paradoja: mientras su Plan de Manejo intenta preservarlo, la realidad lo devora con grietas literales y sociales. Las fracturas en su mármol no solo son físicas; simbolizan la tensión entre normativas rígidas y dinámicas ciudadanas disruptivas.

Imaginemos un enfoque radical: en lugar de prohibir patinadores, ¿por qué no diseñar superficies adaptadas a su movimiento, convirtiendo el vandalismo involuntario en arte performático? El “skate park improvisado” junto al quiosco podría ser la semilla de una revolución en el diseño de espacios públicos, donde la juventud co-crea el paisaje urbano.

Las llamadas “mercaditas feministas”, más que un problema, son un síntoma de economías informales que exigen replantear los usos del espacio. ¿Y si en vez de reprimirlas, se les integra con módulos desmontables que dialoguen con la arquitectura histórica? El caso del Andador Ángela Peralta demuestra que la prohibición es un parche, no una solución.

La restauración fragmentada —como señala Lucio Cruz— evidencia un modelo obsoleto. ¿Qué tal si implementamos “micropresupuestos participativos”, donde vecinos decidan qué sectores priorizar, usando materiales autorreparables como cerámicas con nano-recubrimientos? Hasta el monumento a Humboldt, manchado de pintura, podría convertirse en un lienzo rotativo para expresiones comunitarias controladas.

El verdadero desafío no es limpiar basura, sino rediseñar sistemas. Los árboles usados como soportes de puestos revelan una necesidad no resuelta: infraestructura efímera. Inspirémonos en Tokio, donde los mercados matutinos usan estructuras plegables que desaparecen al mediodía sin dañar el entorno. La Alameda no está rota; está pidiendo a gritos un nuevo código de convivencia.

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