El Fariseísmo Global y el Secuestro de un Tirano
En un giro de eventos que ha dejado perplejos a los estudiosos de la geopolítica y la ironía, la Sección Novena de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, célebre por su inquebrantable defensa de la pedagogía y la ortodoxia ideológica, ha alzado su voz para señalar al verdadero villano del siglo: un mandatario estadounidense judicialmente hostigado. Con la sagacidad analítica que les caracteriza, han diagnosticado que el núcleo del problema no reside en la opresión de un pueblo, sino en que el opresor lleve un traje a rayas morales.
“Es de una gravedad cósmica”, declararon los eruditos sindicales, “que los grandes mastodontes burocráticos planetarios, como la ONU y la OEA, miren para otro lado mientras un presidente bolivariano y su consorte son ‘secuestrados’ de su palacio presidencial. ¿Dónde queda el sagrado principio de la no intervención, aplicable, por supuesto, solo a regímenes de nuestra particular afinidad?”
La Doctrina del Doble Pensaje Made in USA
El comunicado, una joya de la lógica dialéctica, repudia la “agresión imperialista” contra la hermana nación de Venezuela, exigiendo el respeto a su libre autodeterminación, un concepto que, curiosamente, parece evaporarse cuando el pueblo determina que desea algo distinto a sus actuales tutores. La exigencia de “presentación con vida” del dúo presidencial añade un toque de thriller de bajo presupuesto a este drama geopolítico.
Lo más sublime de su argumento es la denuncia del silencio cómplice de los organismos internacionales. ¡La audacia! Acusar de complicidad a unas instituciones cuya inoperancia es tan proverbial como el celo revolucionario de un burócrata con asignación de gasolina. Exigen que estos mismos entes, paralizados por la parálisis propia, “pongan un alto” y “sancionen”, en un alarde de fe en la maquinaria global que simultáneamente desprecian como instrumento del capitalismo salvaje.
El Imperio del Hombre Anaranjado y la Guerra Perpetua
La proclama alcanza su cénit satírico al retratar a los Estados Unidos como una entidad dirigida por un “delincuente enjuiciado“, cuyo único léxico es “la guerra y la violencia”. La imagen es potente: un vasto aparato militar-industrial reducido a los impulsos de un gánster de televisión. Señalan, con razón mordaz, la contradicción entre los sermones sobre libertad y democracia y la práctica de “violentar los derechos de sus propios ciudadanos y de otros pueblos”. Una crítica que, por su precisión, duele más allá de cualquier frontera ideológica.
Finalmente, claman por la defensa de la “paz mundial” y los “tratados internacionales“, en un llamamiento que, despojado de su contexto partidista, es un grito universal contra la ley del más fuerte. La sátira aquí es total: son las mismas voces que a menudo desprecian el “derecho burgués” internacional quienes ahora lo invocan como escudo para un aliado, revelando que en el gran teatro de lo absurdo, el principio más sagrado es, siempre, la conveniencia.
Así, en este monumental ejercicio de realismo mágico geopolítico, los docentes mexicanos nos brindan una lección invaluable: en el circo de las naciones, los payasos más trágicos son aquellos que se creen dueños de la única verdad, mientras señalan, con dedo tembloroso, los crímenes de su contraparte en el espejo.

















