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La coreografía del horror se repite en Hidalgo

La absurda coreografía de la violencia se repite, mientras las autoridades ofrecen el mismo guion gastado.

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La coreografía del horror se repite en Hidalgo

Una representación artística de la trágica rutina que se vive a diario.

En un espectáculo de pólvora y absurdo que ya parece un ritual macabro repetido hasta el cansancio, la noche en Tula, Hidalgo, fue iluminada por los destellos de al menos cincuenta saludos de alto calibre. El blanco: dos caballeros que, en un error de cálculo existencial, decidieron circular en una carroza metálica por el camino equivocado.

El escenario elegido para esta obra teatral de la insensatez fue la carretera Tula-Tepetitlán, a la altura de San Francisco Bojay, donde los vecinos, ya expertos críticos de balística, reconocieron el sonido de las detonaciones y, con fastidio, reportaron la función a las autoridades. No era para menos, interrumpía su programación habitual.

Tras el último disparo, como en un deus ex machina griego pero con chalecos antibalas, hicieron su grandiosa entrada los elementos de diversas corporaciones estatales y federales. Su misión: encontrar lo evidente. Y vaya que lo lograron. Localizaron la unidad blanco del ensayo con sus dos protagonistas principales, ya entregados por completo a sus papeles, sin vida.

Lo que siguió fue una coreografía de seguridad tan predecible que hasta el más novato de los guionistas la hubiera desechado por cliché. El acordonamiento del escenario, el operativo de búsqueda (que milagrosamente ubicó la unidad de los villanos) y la detención de al menos dos comparsas para llenar el cupo de estadísticas reconfortantes.

Mientras tanto, las fuerzas federales y estatales permanecen en la zona, custodiando la escena del crimen como si protegieran una instalación artística de valor incalculable, en lugar de lo que es: un monumento al fracaso.

Y como broche de oro para este sainete trágico, las autoridades de seguridad, esas mismas que son espectadoras de lujo de esta función, ofrecieron su explicación magistral. Según su profundo análisis, el incremento delictivo se debe a una disputa entre células criminales. ¡Revelación! El público, atónito, no podía creer semejante deducción. Buscan, nos informan con solemnidad, el control del robo de hidrocarburo y del narcomenudeo. Una explicación tan profunda como decir que el agua moja. Un final perfecto para otra función de la tragicomedia nacional.

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