La Corte Suprema de México rechaza la ley del más fuerte a nivel global

Un Llamado Visionario: Del Poderío a la Justicia como Arquitectura Global

¿Y si el orden mundial no estuviera condenado a ser un juego de suma cero, donde el más poderoso impone sus reglas? El presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación de México, Hugo Aguilar Ortiz, ha lanzado un desafío conceptual que trasciende la mera declaración diplomática. Al condenar la “ley del más fuerte” sin nombrar directamente actores como la intervención de Estados Unidos en Venezuela, no solo hace una crítica, sino que propone un cambio de paradigma: la construcción de una sociedad de bienestar planetaria donde el derecho, no la fuerza bruta, conduzca los destinos colectivos.

Esta postura no es conservadora; es radicalmente innovadora. En un escenario internacional donde a menudo prima la realpolitik y la coerción económica o militar, insistir en el marco jurídico como herramienta fundamental es un acto de pensamiento lateral. Implica conectar puntos aparentemente inconexos: la estabilidad comunitaria local con la paz en el concierto de las naciones. ¿Qué pasaría si, en lugar de ver los tratados internacionales como obstáculos, los países los vieran como el sistema operativo compartido para resolver conflictos y co-crear soluciones?

Reinventando las Herramientas: El Derecho como Plataforma de Innovación Social

Aguilar Ortiz y la ministra Lenia Batres Guadarrama no hablan solo de aplicar leyes, sino de reimaginar el derecho como la principal herramienta de ingeniería social para el siglo XXI. Batres invoca el principio juarista —”el respeto al derecho ajeno es la paz”— pero lo proyecta a una escala global y digitalmente interconectada. Esto va más allá de la no intervención; se trata de diseñar activamente, desde instituciones como la Corte, ecosistemas legales que favorezcan la igualdad sustantiva y el pleno goce de derechos.

La verdadera disrupción está en su llamado a “hacer de este marco jurídico el instrumento”. Aquí yace una oportunidad revolucionaria: ¿podemos prototipar nuevas formas de jurisdicción y arbitraje internacional que sean ágiles, transparentes y legítimas para todos? El desafío es convertir el derecho, a menudo percibido como lento y técnico, en una plataforma dinámica y accesible que neutralice la tentación de la ley del más fuerte. La meta es una sociedad en paz no como ausencia de conflicto, sino como presencia activa de justicia.

El Camino Hacia Adelante: De la Declaración a la Co-Creación de un Nuevo Contrato Global

El impacto de esta postura es profundo. Al afirmar que “el pueblo mexicano merece que sus poderes públicos trabajen en favor de sus derechos”, la Corte establece un espejo para todas las naciones. El trabajo “con reflexión y mesura, pero de manera ferviente” que describe Batres es el antídoto contra la impulsividad de la política de poder. Avanzar en 2026 y beyond significa operar bajo una lógica distinta: garantizar que la Carta Magna y los pactos internacionales no sean letra muerta, sino el código fuente de una convivencia global renovada.

Esta no es una visión ingenua, sino una apuesta estratégica y audaz. En un mundo de crisis complejas, desde climáticas hasta migratorias, la alternativa a la ley de la jungla no es el caos, sino la arquitectura deliberada de sistemas justos. La Corte Suprema mexicana, con este posicionamiento, no solo juzga; está proponiendo un nuevo contrato social a escala humana y planetaria. El desafío ahora es si otras instituciones y naciones se atreverán a pensar fuera de la caja del poder tradicional y unirse a esta construcción de un destino común regido por la justicia, no por la fuerza.

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