El Nuevo Orden Mundial se decreta en la plataforma X
En un alarde de delicadeza diplomática sin precedentes, la potencia norteamericana decidió inaugurar el año con un espectáculo pirotécnico sobre Caracas, transformando el derecho internacional en un mero trámite burocrático que puede omitirse con suficiente poderío militar. El objetivo: extraer, con la sutileza de un elefante en una cacharrería, a un mandatario cuya legitimidad era tan cuestionada como la de un billete de tres dólares.
La reacción de la comunidad global fue, como es tradición en nuestra era ilustrada, un dechado de coherencia. Un coro de naciones, aquellas que han hecho del respeto a la soberanía su bandera solo cuando conviene a sus intereses, alzó la voz para condenar la barbarie. Otras, aquellas que comprenden que la realpolitik es el único idioma que entiende el mundo, aplaudieron la eficacia de la operación. Así, el planeta se dividió nítidamente entre los hipócritas y los cínicos, una distinción de una finura filosófica admirable.
El veredicto final lo da el tribunal de las redes sociales
Mientras los cancilleres redactaban comunicados cargados de eufemismos jurídicos, la verdadera corte de opinión pública, el sagrado foro de X (antes un pájaro azul), emitía su fallo mediante la herramienta de justicia más poderosa de nuestro tiempo: el meme. La complejidad geopolítica, la historia de intervencionismo y la crisis humanitaria fueron reducidas a una sucesión de imágenes hilarantes, donde el rostro del mandatario capturado era superpuesto en escenas de películas taquilleras.
Algunos ciudadanos digitales, profundamente conmovidos por el estruendo que interrumpió el sueño caraqueño, encontraron consuelo en la comedia. Otros, erigiéndose en analistas geopolíticos desde sus teléfonos, señalaron con perspicacia los intereses petroleros y los fraudes electorales, demostrando que un curso acelerado en Twitter sustituye con creces a una maestría en Relaciones Internacionales. La Inteligencia Artificial, por su parte, fue reclutada no para resolver hambrunas o curar enfermedades, sino para perfeccionar la burla, culminación lógica del progreso tecnológico.
Epílogo para una farsa moderna
En definitiva, el episodio quedó registrado para la posteridad no en los anales de la historia, sino en los servidores de las redes sociales. Una invasión militar se metabolizó en contenido viral, la angustia de una nación en engagement, y la crisis ética de occidente en una polarización de likes y retuits. Una lección sublime: en el siglo XXI, un gobierno puede ser derrocado por drones, pero su legado será definitivamente juzgado y sentenciado por los algoritmos del humor digital.


















