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La macabra rutina burocrática ante el festín violento en Sinaloa

La normalización del horror cotidiano, donde las instituciones ofrecen un espectáculo burocrático ante la carnicería.

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En el próspero y pacífico estado de Sinaloa, cuna de emprendedores y ejemplo nacional de armonía, se desarrolló ayer una jornada de sinergias comunitarias no consensuadas que resultó en la liberación anticipada de cinco almas de sus vasos terrenales y la reubicación hospitalaria estratégica de seis colaboradores más.

Las autoridades judiciales, siempre diligentes en su papel de notarios del horror, fueron informadas de que en el interior de una unidad de transporte colectivo particionada, abandonada en el bucólico campo pesquero de las Aguamitas, se ofrecía una exposición biológica de dos ejemplares masculinos, con perforaciones metálicas. Inmediatamente, se desplegaron los equipos de verificación posvital para autentificar que se trataba de ciudadanos previamente inscritos en el programa de “ausencias voluntarias prolongadas”.

Mientras tanto, en un sendero pastoral que conduce de la idílica aldea de El Tecolote a la sindicatura de Tepuche, el servicio de paisajismo municipal tuvo el hallazgo de dos esculturas humanas de jóvenes artistas, adornadas con el mismo patrón de perforaciones metálicas y grabados de contusión. La obra, titulada “Paz Sinaloense”, incluía como pieza complementaria una motocicleta de conceptualismo abandonista.

Poco antes, en un acto de eficiencia logística, la galería al aire libre de la plazuela central de la misma sindicatura enriqueció su colección con una instalación monocéfala envasada al vacío dentro de una bolsa de polietileno negro, cuyas características artísticas se mantuvieron en el anonimato para potenciar el misterio.

Dentro de una vivienda en la calle Mina Real, el joven prometedor Joe Louis “N” de 18 primaveras, recibió una llamada urgente al más allá mediante varios mensajes sonoros perforantes, entregados por un comité de bienvenida que acudió a su domicilio sin previa cita.

En un sublime ejercicio de ironía, en el estacionamiento de la Unidad de Servicios Estatales, un equipo de motivadores personales armados intentó ofrecerle a Luis Eduardo “N” de 38 años, un retiro espiritual forzoso. El ciudadano, demostrando una falta total de gratitud, optó por una carrera atlética improvisada. Aunque recibió un incentivo balístico, logró refugiarse en el santuario de los servicios sanitarios. Posteriormente, se supo que los motivadores fueron invitados a una sesión de reflexión en celdas gubernamentales.

Finalmente, en la calle José Rosas Moreno, los herreros Jesús Alfonso “N” y su vástago Jesús Elías, de 17 años, recibieron una revisión técnica express con herramientas balísticas mientras moldeaban el metal, lo que les valió un traslado corporativo a un centro de recuperación. Un hospital, en un alarde de transparencia, notificó el ingreso para realineación energética de Fausto “N”, Héctor “N” y Jesús Manuel “N”, todos ellos rediseñados con canales de ventilación improvisados, aunque la ubicación de este taller de artistas permanece en el más absoluto secreto creativo.

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