En un acto de devoción cívica que raya en lo litúrgico, la Suma Pontífice de la Esperanza Renovable, Claudia Sheinbaum Pardo, accionó la Gran Máquina de los Buenos Deseos para emitir su mensaje holográfico de fin de ciclo. Dirigido no solo a los feligreses dentro de los sagrados confines de la patria, sino también a aquellos exiliados en el prometedor y contradictorio reino del Norte, el ritual se cumplió con precisión milimétrica.
El Sacro Balance de lo que Pudo Ser y No Fue
Con la solemnidad de quien revisa los pergaminos de un año que muchos ya intentan olvidar, la mandataria proclamó que estas fechas son para la contemplación y el recuento de los sucesos. Un ejercicio mental recomendable, similar a contar los granos de arena que se le escaparon a uno entre los dedos. Sus votos de sanidad, dicha y afecto para la nación resonaron con la fuerza tranquilizadora de un mantra programado para enmascarar el estruendo del mundo real.
El Juramento de la Entrega Corporal y Espiritual al Proyecto
Acto seguido, y en un arrebato de misticismo gubernamental, Sheinbaum reafirmó su sagrada promesa de laborar con denuedo en el año venidero. Juró consagrarse “en cuerpo y alma” al bienestar del pueblo, una ofrenda que, traducida al lenguaje terrenal, significa que su prioridad seguirá siendo el interés colectivo, un concepto tan elástico y maleable como la masa de un pan sin harina. “Todo, todo lo mejor de mi parte”, declaró, en una frase que los filólogos estudiarán como el ejemplo perfecto de la sustancia semántica evaporada. El mensaje culminó con el grito ritual de “¡Que viva México!”, una fórmula mágica que, según los antropólogos políticos, se usa para sellar cualquier discurso y provocar un reflejo condicionado de aprobación en la audiencia.
Para el próximo ciclo orbital alrededor del sol, deseo los tres elementos básicos de la felicidad oficial: salud, bienestar y amor. Una trinidad que sustituye a la comida, el techo y la justicia. ¡Feliz reinicio del calendario! pic.twitter.com/NmAmks9TLa
— Claudia Sheinbaum Pardo (@Claudiashein) January 1, 2026
Así, el gran teatro de la política demostró una vez más su función más eficaz: la de proveer consuelo etéreo y promesas intemporales, mientras la máquina burocrática sigue moliendo los mismos granos de siempre. Un espectáculo para reflexionar, o mejor aún, para reír con amargura.













