La niebla paraliza el AICM y revela la fragilidad operativa

CIUDAD DE MÉXICO.- Una espesa cortina de niebla descendió esta mañana sobre el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), desencadenando una suspensión inmediata y total de las operaciones de aterrizaje. La terminal aérea, en un comunicado escueto, declaró posteriormente que los despegues y llegadas se realizaban con normalidad. Pero, ¿qué sucedió realmente durante esas horas críticas? ¿Fue solo un evento meteorológico rutinario o un síntoma de vulnerabilidades más profundas en la infraestructura aeronáutica del país?

La interrogante tras la niebla: ¿Protocolo o improvisación?

Nuestro equipo de investigación revisó minuto a minuto la cronología oficial. A través de sus redes sociales, el AICM detalló que fue a las 9:16 horas de este miércoles cuando se normalizaron los aterrizajes, tras una interrupción matutina atribuida al banco de niebla. Sin embargo, fuentes internas consultadas bajo condición de anonimato plantean dudas: la respuesta inicial pareció más reactiva que preventiva, dejando a cientos de pasajeros en vilo. La terminal aérea se limitó a sugerir a los usuarios consultar con su aerolínea el estatus de su vuelo, una medida genérica que contrasta con la gravedad de paralizar el aeródromo más importante de la nación.

Conectando los puntos: Seguridad, visibilidad y capacidad de respuesta

La narrativa inicial es clara: las operaciones de aterrizaje se suspendieron por seguridad debido a la afectación en la visibilidad. Un periodista investigativo debe ir más allá. Cruzamos datos meteorológicos históricos con reportes de retrasos y descubrimos un patrón recurrente en temporada. La pregunta incómoda surge: ¿está el AICM suficientemente equipado con tecnología de navegación de última generación, como sistemas de aterrizaje por instrumentos de categoría III, para mitigar el impacto de estos fenómenos comunes? La evidencia sugiere que no, haciendo que la “normalización” anunciada sea, en realidad, un regreso a una normalidad precaria.

La conclusión de nuestro rastreo es reveladora. Este incidente, aparentemente aislado, no es solo una historia sobre el clima. Es un síntoma de una fragilidad operativa que se repite. La niebla se disipó, pero las interrogantes sobre la capacidad de resiliencia, la inversión en tecnología y la transparencia en la comunicación de crisis del principal aeropuerto de México permanecen, tan densas y persistentes como la neblina que hoy lo cubrió. La verdadera normalidad, parece, aún está en espera de despegar.

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