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La República de los Bots y el Linchamiento Virtual

La respuesta presidencial a una agresión física desata una batalla digital orquestada y llena de absurdos.

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El Nuevo Circo Romano, Ahora con Fibra Óptica

En un giro que hubiera dejado pálido al mismísimo George Orwell, la Presidenta Claudia Sheinbaum, Suma Sacerdotisa de la Cuarta Transformación, ha declarado la guerra a la más vil y cobarde de las agresiones: el linchamiento digital. No contenta con gobernar el mundo tangible, nuestra mandataria ha desentrañado una conspiración tan vasta que hace parecer a Watergate una travesura de colegial.

El detonante de este drama nacional fue una pelea en el antiguo senado, un lugar donde la tradición del debate intelectual ha sido felizmente sustituida por el arte de la patada voladora y el empujón estratégico. El senador Fernández Noroña, conocido por su templanza estoica y su diálogo siempre mesurado, se vio, al parecer, en el ojo del huracán. La Presidenta, con la precisión de un neurocirujano, ha diagnosticado la dolencia: no fue una simple gresca entre adultos con escaño, sino el primer movimiento de una operación psicológica global.

El verdadero enemigo, nos revela, no son los puños de opositores iracundos, sino los bits y bytes de una legión de bots sedientos de sangre virtual. ¡Sí! El 90% de las tendencias en la red X (antes Twitter, para los nostálgicos de la prehistoria digital) son cuentas automatizadas, un ejército espectral financiado por oscuros intereses cuyo único objetivo es… ¿hacer quedar mal a un senador? La magnitud del villanía no conoce límites.

Lo más hilarante de esta tragicomia es la súbita conversión de nuestros líderes en críticos de la violencia. Es como si un pirómano se ofendiera porque alguien más usó fósforos. La misma tradición política que ha glorificado la “garra”, la “bravura” y el “no me dejo”, de repente descubre el valor de la civilidad cuando el golpe le llega a uno de los suyos. ¡Qué timing más admirable!

Sheinbaum incluso recurrió a una analogía histórica de alto calado: comparó la escena con sus años de lucha en la UNAM. Así es, “Alito” Moreno y sus acólitos han sido elevados a la categoría de porros institucionales, los matones del nuevo régimen oligárquico. La pregunta que flota en el aire, más pesada que un servidor lleno de bots, es: ¿quién financia esta malvada operación? ¿Será el PRI? ¿Serán los neoliberales? ¿Serán los marcianos? La Presidenta, magnánima, no señala a un culpable directo, solo deja caer la pregunta como una bomba de humo sobre un campo de batalla ya de por sí enrarecido.

En esta República Satírica, las agresiones físicas son condenables solo cuando se graban, los bots son el chivo expiatorio perfecto y los “comentócratas” (ese neologismo magistral para desacreditar a quien opine lo contrario) son los sumos sacerdotes de un templo de hipocresía. Mientras, el ciudadano común, atónito, mira cómo la clase política se da de golpes en un reality show y luego gasta millones en trending topics para contarnos su versión. El circo no solo tiene pan, ahora también tiene algoritmos.

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