La Tierra organiza su propia quema global simultánea

Imaginen por un momento que el planeta decidió lanzar una oferta especial: días de fuego gratis para todos. No uno, ni dos, sino sesenta al año. La promoción, según un nuevo estudio, es un éxito rotundo y creciente.

Los datos son tan absurdos que parecen una broma pesada. En 1979, el mundo disfrutaba de unos modestos 22 días anuales con clima ideal para incendios. Hoy, la cifra supera los 60. Es como si la atmósfera hubiera adoptado un lema: ¿Por qué quemar solo un bosque cuando puedes prender fuego a tres continentes a la vez?

“Este tipo de cambios incrementa la probabilidad de que haya incendios muy difíciles de sofocar”, advierte John Abatzoglou, coautor del estudio.

La frase suena a eufemismo burocrático para decir que nos estamos quedando sin planeta donde escondernos. La sincronización es el verdadero truco de magia. Ahora, cuando un país arde, es probable que sus vecinos también estén ocupados apagando las llamas propias. La solidaridad internacional se reduce a intercambiar selfies entre humo.

La investigación señala que más del 60% de este festín pirotécnico se debe al cambio climático provocado por el ser humano. O sea, nosotros somos los patrocinadores principales del espectáculo.

Pero la verdadera estrella del show es Sudamérica. La región pasó de tener unos tímidos 5.5 días propicios al año en los 80, a un récord olímpico de 118 días en 2023. Es una transformación tan radical que parece el argumento de una distopía: de exportar café y fútbol a exportar columnas de humo.

“Y ahí es donde las cosas empiezan a salir mal”, sentencia Abatzoglou.

Ahí y en todas partes. Mientras los científicos conectan puntos con datos, algunos líderes aún debaten si el punto de ignición es real o un invento. El estudio no analizó incendios reales, solo las condiciones perfectas para que ocurran. Es como medir cuánta gasolina hay derramada en el suelo y cuántas personas están fumando alrededor, pero decidir no contar las chispas.

Solo el Sudeste Asiático reporta una disminución, porque se está volviendo más húmedo. Una excepción que confirma la regla: en el gran teatro del absurdo climático, alguien tiene que tener la suerte de estar bajo la lluvia.

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