Lecciones de un sismo: cómo evaluar los daños reales en tu vivienda

Un recordatorio desde la experiencia

Este viernes 2 de enero, a las 07:58 horas, la tierra volvió a recordarnos su fuerza con un movimiento telúrico de magnitud 6.5, con epicentro en Guerrero. Tras décadas viviendo y analizando estos eventos, he aprendido que el verdadero trabajo comienza cuando deja de temblar. La activación de las alarmas y la evacuación son solo el primer paso; lo que sigue es una evaluación serena y meticulosa, una lección que nos ha costado cara aprender como sociedad.

El panorama tras el temblor

El Servicio Sismológico Nacional confirmó lo que muchos sintieron en el centro y sur de México: desde Veracruz y Michoacán hasta la Ciudad de México. Las autoridades, activando los protocolos de emergencia, reportaron afectaciones en estructuras y, lo más importante, personas lesionadas. Esto subraya una verdad que repito siempre: el peligro no termina con el último remezón; los daños ocultos y la infraestructura comprometida son amenazas silenciosas.

La inspección post-sismo: más que una mirada superficial

Basándome en años de colaboración con colegas del Instituto de Ingeniería de la UNAM y otras entidades, te comparto una metodología de revisión. No es solo buscar grietas; es entender lo que te dicen:

  • Grietas diagonales en muros de carga: He visto cómo estas fisuras, especialmente si convergen en esquinas o marcos de ventanas, son el equivalente a un grito de auxilio de la estructura. Indican que absorbió fuerzas laterales severas y su integridad puede estar gravemente comprometida.
  • Separación entre elementos: ¿Recuerdas el sonido seco de un muro desprendiéndose de una losa? Es un sonido que no se olvida. Revisa que no haya espacios entre muros, techos, columnas o escaleras. Cualquier holgura es una bandera roja.
  • Columnas en crisis: Los pilares son la columna vertebral del inmueble. Una inclinación, grietas verticales profundas o el desprendimiento del recubrimiento (concreto expuesto) no son daños cosméticos. Son una señal de evacuación inmediata, sin discusión.
  • Escaleras y deformaciones: Si la escalera se fracturó o se separó, el edificio se torsionó. Es una evidencia clara de movimientos diferenciales entre pisos. También, si las puertas o ventanas ya no cierran, los marcos se deformaron por el movimiento del esqueleto interno.
  • Techos y losas: No ignores los crujidos o las ondulaciones en los plafones. Una fisura extensa en una losa de entrepiso es crítica para la estabilidad global. He evaluado edificios donde este fue el único, pero decisivo, indicador de falla.
  • Elementos no estructurales: La experiencia me ha enseñado que muchos lesionados no lo son por el colapso, sino por canceles, vidrios o lámparas que se desprenden. Revisa estos puntos, pues aunque no derrumben la casa, pueden causar daños personales graves.

El paso crucial: llamar al experto

Aquí va una lección aprendida a fuerza de ver errores: tú puedes hacer una inspección visual inicial, pero el diagnóstico final solo puede venir de un ingeniero estructurista calificado en evaluación post-sísmica. Ellos tienen el conocimiento y las herramientas para determinar si es seguro habitar o si se requieren reparaciones urgentes. No caigas en la falsa seguridad de “solo fue una grietita”.

¿Y si encuentro daños? Protocolo de acción

Si identificas alguna de estas señales de alarma, el protocolo es claro: 1) Evacúa el inmueble de manera ordenada. 2) Documenta con fotografías detalladas para el reporte. 3) Notifica a las autoridades de Protección Civil de tu localidad de inmediato. 4) No intentes retirar escombros ni tocar estructuras dañadas—puedes provocar un colapso secundario. Y la lección más valiosa a largo plazo: participa activamente en los simulacros y capacitaciones. La preparación, vivida en carne propia, es lo que marca la diferencia entre el pánico y la acción efectiva cuando la tierra vuelva a moverse.

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