El Papa León XIV marcó el inicio de la Cuaresma este miércoles de una manera que muchos no esperaban. Retomó personalmente las procesiones y la imposición de ceniza en Roma, un gesto que en años recientes había delegado.
Decenas de religiosos lo acompañaron en la caminata desde San Anselmo hasta Santa Sabina. Allí, durante la misa, esparció cenizas sobre las cabezas de los cardenales.
Pero su mensaje fue lo que realmente resonó. En su homilía, hizo un llamado directo a reflexionar sobre los conflictos que azotan al planeta.
“Las cenizas que recibimos cargan con el peso de un mundo en llamas, de ciudades enteras destruidas por la guerra”,
dijo el Pontífice, refiriéndose claramente a la guerra en Ucrania y a otras intervenciones militares.
Fue más allá. Expresó preocupación por lo que llamó las “cenizas del derecho internacional” y la justicia entre pueblos. También habló de la degradación ambiental, la pérdida del pensamiento crítico y el olvido de lo sagrado.
Su visión conectó la experiencia espiritual personal con una responsabilidad global frente a la violencia. La Cuaresma, dijo, no es solo un ejercicio de arrepentimiento individual.
Es un momento para tomar conciencia del estado del mundo y trabajar por la paz. Un mensaje que se tradujo en acción concreta.
La Santa Sede confirmó que no participará en la Junta de Paz convocada por el ex presidente estadounidense Donald Trump para Gaza. Una decisión que subraya el tono crítico e independiente del nuevo pontificado.
















