Los Reyes Magos en la era del rastreo satelital y la ilusión geolocalizada
En un sublime acto de fe contemporánea, millones de súbditos del reino de México se preparan para el gran día en que tres potentados extranjeros, procedentes de lejanas y exóticas coordenadas GPS, irrumpen en la privacidad de los hogares para dejar ofrendas. Celebramos, con devoción mercantil, el Día de los Reyes Magos, una conmemoración donde la epifanía sagrada ha sido sabiamente suplantada por la epifanía del empaque brillante.
La tradición, ese venerable artefacto cultural, ha demostrado una resiliencia encomiable, mutando de un evento de carácter devoto a un complejo ritual de consumo infantil. Así, la tríada real de Melchor, Gaspar y Baltasar ha sido promovida de astrólogos teológicos a repartidores logísticos nocturnos, cuya eficacia se juzga por la puntualidad en la entrega de juguetes y la precisión de su inventario frente a las listas de deseos.
El Gran Teatro de la Vigilancia Festiva
En vísperas de la gran fecha, la inocente ansiedad infantil es meticulosamente canalizada hacia una plataforma digital. He aquí la maravilla: la tradición se ha actualizado, sometiéndose al yugo de la tecnología. Ya no basta con dejar el zapato y la hierba para los camellos; ahora es imperativo conceder permisos de ubicación a un portal web. “Localiza a los Reyes Magos” no es un sitio, es un ministerio de la magia estatal donde la fe se valida con un pop-up de cookies y la ruta de los majestuosos viajeros se monitoriza en un mapa interactivo con la solemnidad de un operativo militar.
El mecanismo es de una belleza burocrática impresionante: días antes, la pantalla muestra una cuenta regresiva, un suspense digitalmente administrado. “2 noches para que vengan los Reyes”, anuncia, en un tono que mezcla la promesa navideña con la amenaza de un software de prueba gratuito a punto de expirar.
Geopolítica de la Entrega Regia
Las instrucciones son claras y deliciosamente orwellianas: se recomienda que los progenitores supervisen el proceso, asegurándose de que los menores otorguen correctamente los derechos de geolocalización. La magia, al parecer, requiere acceso total a los metadatos. Al acceder, el ciudadano puede contemplar, con un estremecimiento de asombro tecnocrático, los puntos de origen de Sus Majestades, calculando mentalmente la huella de carbono de un viaje transcontinental realizado en camello para distribuir plástico y pilas.
Todo este monumental aparato de ilusión controlada se sustenta en Leaflet, una biblioteca de código abierto, y se alimenta de los mapas de Stadia Maps, OpenMap Tiles y OpenStreetMap. Es decir, el misterio de la Epifanía es ahora un proyecto de código abierto, colaborativo y optimizado para móviles. Uno casi espera ver un botón de “Valorar esta estrella” junto a la silueta de Baltasar.
El enlace al santuario (https://www.dondeestanlosreyesmagos.com/) queda aquí, como un portal a un mundo donde lo milagroso y lo algorítmico se funden en una nueva y reluciente tradición: la de creer, fervientemente, en el icono de un globo terráqueo que se mueve solo.

















