Desde la experiencia acumulada en el análisis de la diplomacia latinoamericana, he visto cómo ciertos patrones se repiten. Hoy, el Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha emitido una condena enérgica y un rechazo categórico hacia las recientes operaciones militares llevadas a cabo por las fuerzas armadas de Estados Unidos en territorio de Venezuela. No es solo una declaración; es la aplicación de un principio que hemos defendido por décadas: la no intervención. La lección aprendida, a veces a un alto costo, es que la estabilidad es frágil. Por ello, México ha hecho un llamado urgente a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para que actúe de inmediato, promueva la desescalada, facilite el diálogo y genere condiciones para una solución pacífica, sostenible y conforme al derecho internacional.
El fundamento jurídico de la condena: una violación clara
En su comunicado, la administración mexicana calificó los hechos como una clara violación del artículo 2 de la Carta de la ONU. He revisado ese documento incontables veces en situaciones de crisis, y su espíritu es claro: proteger la soberanía. “Con base en sus principios de política exterior y en su vocación pacifista”, señala el texto, “México hace un llamado urgente a respetar el derecho internacional, así como los principios y propósitos de la Carta de la ONU, y a cesar cualquier acto de agresión contra el gobierno y pueblo venezolanos”. Esto no es retórica; es la columna vertebral de una postura que busca contener el uso de la fuerza como primera opción.
Una región construida sobre la paz: el riesgo de la inestabilidad
El comunicado añade un punto crucial, basado en una visión compartida por muchas naciones de la región: “América Latina y el Caribe es una zona de paz, construida sobre la base del respeto mutuo, la solución pacífica de las controversias y la proscripción del uso y la amenaza de la fuerza”. En la práctica, he visto cómo cualquier acción militar unilateral pone en grave riesgo esa estabilidad regional tan trabajosamente conseguida. No es una abstracción; se traduce en migraciones forzadas, crisis humanitarias y un profundo retroceso en la cooperación.
México reitera, con el énfasis que da la experiencia, que el diálogo y la negociación son las únicas vías legítimas y eficaces para resolver diferencias. Reafirma su disposición a apoyar cualquier esfuerzo de facilitación, mediación o acompañamiento que contribuya a preservar la paz y evitar una confrontación mayor. Es un ofrecimiento que nace de la credibilidad ganada, no de la teoría.
El Artículo 2, párrafo 4 de la Carta de las Naciones Unidas dice textualmente:
“Los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de…




















