El dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional, Alejandro ‘Alito’ Moreno Cárdenas, ha emplazado al gobierno de Morena tras la divulgación de datos que sitúan a México como el nuevo proveedor energético clave para Cuba, superando el volumen históricamente suministrado por Venezuela.
Moreno calificó estas operaciones como un “regalo” de recursos soberanos, un gesto que contrasta de forma marcada con el incremento sostenido en los precios de los combustibles para la ciudadanía mexicana, lejos de la promesa de campaña de una “gasolina a diez pesos”.
A través de sus canales en redes sociales, el líder opositor articuló una crítica severa, tildando la estrategia gubernamental de cínica y traicionera para con las necesidades domésticas. “Prometieron gasolina a 10 pesos… y hoy la tenemos más cara que nunca. ¿Y saben por qué? Porque en lugar de cuidar lo nuestro, Morena prefiere regalarle el petróleo a Cuba”, afirmó.
En su discurso, construyó una narrativa de sacrificio ciudadano frente a lo que percibe como un desvío de riqueza nacional, sosteniendo que mientras la población carga con el peso económico, la administración federal destina ese capital a apuntalar un régimen extranjero. “Los brutos de Morena no gobiernan, destruyen”, añadió, en una escalada retórica notable. Los informes técnicos que han detonado esta controversia proceden de consultorías internacionales y publicaciones como el Financial Times.
Los datos indican que México ha estado enviando a Cuba un promedio de 12,284 barriles diarios de petróleo durante el último año, una cifra que cubriría aproximadamente el 44% de las necesidades de importación de la isla. Esta cifra es significativa porque desplaza a Venezuela, tradicional aliado y soporte energético de La Habana, marcando un reacomodo geopolítico en la región.
Las operaciones logísticas se ejecutan mediante buques tanque identificados, como el ‘Sandino’ y el ‘Ocean Mariner’, lo que ha puesto tanto a Petróleos Mexicanos como a la Secretaría de Energía bajo un escrutinio intenso. Este escrutinio no se limita a la arena política interna. Analistas internacionales observan que estos envíos récord podrían generar fricciones con Estados Unidos, particularmente en el contexto del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá.
La preocupación subyacente radica en la posibilidad de que Washington interprete estas transferencias como un mecanismo para eludir el embargo económico que pesa sobre Cuba, lo que añadiría una capa de complejidad diplomática a una relación bilateral ya de por sí matizada.
La política energética, en este caso, trasciende lo económico para convertirse en un instrumento de política exterior con ramificaciones impredecibles. La acusación central de Moreno se ancla en una contradicción de impacto doméstico inmediato: la divergencia entre la política exterior energética y las condiciones del mercado interno.
Mientras México canaliza volúmenes sustanciales de crudo hacia Cuba, presumiblemente bajo esquemas de financiamiento o intercambio que no han sido detallados públicamente en su totalidad, los consumidores nacionales enfrentan precios en bomba que no reflejan una ventaja por ser un país productor. Esta disonancia alimenta la crítica política y ofrece un flanco vulnerable al gobierno, que debe ahora ofrecer explicaciones técnicas y económicas que justifiquen no solo la conveniencia, sino también la transparencia y el beneficio neto para las finanzas públicas de tales operaciones.
La respuesta del PRI, articulada por su presidente, se enmarca en una defensa de la soberanía energética entendida como un beneficio directo para la población. “El PRI está del lado del pueblo, defendiendo lo que es de todos”, declaró Moreno, posicionando al partido como guardián de los recursos nacionales frente a lo que presenta como un gobierno dilapidador.
Este episodio reactualiza el debate sobre el destino de la producción de PEMEX, una empresa estatal que arrastra una pesada carga financiera y operativa, y sobre los criterios que deben primar en la comercialización internacional de sus recursos: el pragmatismo económico, la solidaridad política o una combinación de ambos.
La discusión, por ahora, se centra en la falta de claridad sobre los términos contractuales de estos envíos y su alineación con una estrategia energética nacional de largo plazo que priorice la seguridad y la estabilidad económica de México.















