La diplomacia mundial se mueve rápido esta semana. Mientras el Consejo de Seguridad de la ONU convoca una sesión urgente sobre Gaza y Cisjordania, Washington prepara el lanzamiento de su propia iniciativa. La coincidencia de fechas no es casualidad. Habla de una competencia silenciosa por quién lidera el proceso.
“Instamos a la comunidad internacional a frenar las acciones israelíes y detener lo que calificamos de anexión ilegal”, dijo el embajador palestino Riyad Mansour.
La reunión en Nueva York contará con peso político. Asistirán ministros de Exteriores de Reino Unido, Israel, Jordania, Egipto e Indonesia. Varias naciones árabes pidieron este debate antes de viajar a Washington. Es una jugada clara: quieren marcar posición en la ONU primero.
Mientras tanto, la Junta de Paz de Trump amplía su ambición. Concebida para supervisar un plan sobre Gaza, ahora busca mediar en conflictos globales. Esto genera escepticismo entre aliados europeos, que reafirman su apoyo al sistema de la ONU.
Más de veinte países han aceptado unirse, incluidos Qatar y Egipto, que mantienen contacto con Hamás. El embajador estadounidense Mike Waltz confirmó estos detalles.
En el terreno, las tensiones se agravan. Israel avanza con un proceso regulatorio en Cisjordania que, según su ministro Eli Cohen, otorgaría una “soberanía de facto”. Palestinos, países árabes y grupos humanitarios lo llaman anexión ilegal. Afectaría a unos 3.4 millones de personas.
La reunión también evaluará el acuerdo mediado por EE.UU. desde octubre. Se hablará de la liberación de rehenes por Hamás y del aumento de ayuda humanitaria a Gaza.
Pero los desafíos son enormes. Implementar una fuerza internacional de seguridad, desarmar a Hamás y reconstruir Gaza requieren más que promesas. La Junta de Paz anunció compromisos por 5 mil millones y el despliegue de miles efectivos, incluyendo 8 mil soldados indonesios para junio.
Al final, tenemos dos escenarios paralelos: uno multilateral en la ONU y otro impulsado desde Washington. La pregunta es si competirán o cooperarán. La historia sugiere que sin unidad internacional, los procesos de paz tropiezan antes siquiera empezar.

















