El capítulo de Josefa González-Blanco Ortiz-Mena al frente de la Embajada de México en Reino Unido ha cerrado, pero el eco de las quejas no. Te cuento lo que pasó.
Trabajadores y extrabajadores levantaron la voz. La acusaron de hostigamiento, mal manejo de recursos y hasta de dañar la relación entre los dos países. Una investigación periodística habla de al menos 16 denuncias formales.
La cifra que duele: cerca de 40 personas salieron entre 2021 y ahora. Renuncias, rotaciones… la sede diplomática se quedó con menos de la mitad del equipo original. Imagínate el golpe a la operación diaria.
Algunos empleados ganaron resoluciones ante el Órgano Interno de Control. Ganaron, sí, pero aseguran que las recomendaciones nunca se aplicaron. Dicen que desde la Cancillería en México no hubo respaldo.
Aquí viene lo más crudo del relato: el llamado ‘the dog house’ o “la perrera”. Era un castigo informal pero brutal.
Consistía en aislar a ciertos empleados mediante la ‘ley del hielo’. La exembajadora dejaba de comunicarse con ellos y ordenaba al resto del personal no interactuar.
El resultado, según los testimonios, fue un clima de miedo e incertidumbre constante dentro de las paredes de la embajada.
Frente a las acusaciones, González-Blanco se defendió. Dijo que los problemas vienen de auditorías internas en curso. Y sobre la relación bilateral, fue clara:
Sostuvo que la relación entre México y Reino Unido se mantiene sólida y activa, y que puede verificarse a través de la agenda pública.
Ahora, será reemplazada por Alejandro Gertz Manero. Pero este caso dejó al descubierto algo más grande: las condiciones laborales en el servicio exterior mexicano y cómo la Cancillería maneja (o no) las denuncias desde sus embajadas.
Queda la pregunta flotando: ¿esto fue un caso aislado o es solo la punta del iceberg?


















