Procesan a operador clave de El Chapo Isidro en Almoloya

La Caída de un Operador: Más Allá de la Noticia Policial

La reciente vinculación a proceso de Pedro Insunza Noriega, alias “El Sagitario”, y otros tres presuntos integrantes de los Beltrán Leyva, no es solo un titular más en la guerra contra el narcotráfico. Es un síntoma de un ecosistema criminal en perpetua mutación, un recordatorio de que mientras celebramos una captura, el organismo criminal ya está regenerando sus células. ¿Estamos persiguiendo sombras o atacando las raíces?

Un juez de control federal decretó la prisión preventiva oficiosa para estos individuos, acusados de delitos contra la salud y posesión de arsenal de uso exclusivo militar. Quedarán recluidos en el penal del Altiplano, en Almoloya de Juárez, Estado de México. Sin embargo, encerrar a un operador como “El Señor de la Silla”, identificado como brazo derecho de Fausto Isidro Meza Flores (“El Chapo Isidro”), plantea una pregunta disruptiva: ¿es la prisión de máxima seguridad la solución final o solo un costoso almacenamiento temporal de un problema sistémico?

El Operativo: ¿Táctica o Estrategia?

La detención se produjo a fines de diciembre tras un cateo ejecutado por la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) y la Marina en un inmueble de Culiacán, Sinaloa. En el lugar se aseguraron estupefacientes y armas de alto poder. La Fiscalía General de la República (FGR) tiene ahora un plazo de cuatro meses para cerrar la investigación complementaria. Pero más allá del procedimiento, este evento debe impulsarnos a pensar lateralmente: en lugar de solo desmantelar bodegas, ¿podemos desmantelar los algoritmos de reclutamiento, las cadenas logísticas financieras y la psicología social que alimenta a estas organizaciones?

La Reconfiguración del Poder Criminal

Las investigaciones señalan a Insunza Noriega como el segundo al mando de la facción criminal que ahora controla el legado de los Beltrán Leyva, antiguos aliados del Cártel de Sinaloa. Este grupo, liderado por “El Chapo Isidro”, está profundamente vinculado al tráfico global de fentanilo, cocaína, metanfetamina y heroína. Aquí yace la verdadera oportunidad revolucionaria: entender que el narcotráfico ya no es un “cártel” monolítico, sino una red descentralizada y resiliente, una “franquicia” del caos. Combatirlo con las tácticas del siglo XX es como intentar apagar un incendio forestal con una regadera.

La innovación disruptiva en seguridad no reside únicamente en mejores armas o más prisiones. Reside en reimaginar la justicia: ¿y si los recursos invertidos en mantener a un capo en una celda de máxima seguridad se destinaran a inteligencia artificial predictiva, a la creación de economías lícitas hiper-competitivas en los territorios vulnerables, o a una guerra de información que desglorifique la vida criminal? La captura de “El Sagitario” no es el final de la historia. Es la portada perfecta para comenzar a escribir un nuevo libro, uno donde la audacia de nuestras soluciones iguale o supere la audacia del crimen que enfrentamos.

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