La iniciativa que busca blindar a las familias multiespecie
En las sombras de los conflictos domésticos, una forma de maltrato insidiosa y profundamente dañina ha operado, hasta ahora, en un vacío legal. La diputada local de Movimiento Ciudadano, Luisa Ledesma, ha presentado una iniciativa que pretende sacar a la luz y sancionar una expresión de crueldad extrema: la violencia vicaria perpetrada a través de las mascotas.
¿Hasta qué punto un agresor puede manipular el vínculo emocional de una mujer para infligirle dolor? La propuesta legislativa, presentada durante la sesión de este jueves, busca modificar el Código Penal local para imponer penas de dos a seis años de prisión a quien utilice seres sintientes, sobre los cuales exista un vínculo afectivo comprobable, como instrumento de coacción y daño.
El vínculo afectivo como campo de batalla
La investigación periodística revela que, tradicionalmente, esta modalidad de violencia se ejercía a través de los hijos. Sin embargo, los patrones de abuso evolucionan. ¿Estamos ante una nueva estrategia de los maltratadores, o simplemente estamos empezando a documentar una realidad que siempre ha existido? Ledesma lo deja claro: “No es un golpe directo a la mujer, sino un golpe donde más duele”.
Al indagar en los testimonios, emergen frases que delatan esta táctica de control: “si te vas el perro se queda”, “si denuncias no lo vuelves a ver”, “voy a lastimarlo para que entiendas”. Estas no son simples amenazas; son la manifestación de una violencia calculada que usa el sufrimiento de un ser inocente como arma. En la Ciudad de México, miles de mujeres integran familias multiespecie, donde perros, gatos y otros animales son un pilar de apoyo emocional. Convertirlos en blanco es una estrategia deliberada para quebrar la resistencia de la víctima.
Un vacío legal que protege al agresor
La pregunta crucial que plantea esta investigación es: ¿por qué esta violencia, que ocurre a diario, permanece en un limbo jurídico? La iniciativa de Ledesma no es solo una discusión legal; es un intento por reconocer explícitamente que amenazar, maltratar o sustraer a un ser sintiente constituye violencia vicaria. Los agresores, según los hallazgos, se aprovechan de este vacío. Conocen la profundidad del vínculo emocional y manipulan ese amor para mantener el dominio.
Al conectar los puntos, surge una revelación significativa: la violencia hacia los animales suele ser el primer indicador de dinámicas de maltrato más graves dentro del hogar. Ignorar estas señales equivale a fallarle a las víctimas. La conclusión de este proceso de descubrimiento es contundente: proteger a los animales de compañía es, de manera inextricable, proteger también a las mujeres. La Ciudad de México se enfrenta a la decisión de dar un paso firme para cerrar esta puerta falsa a la impunidad y reconocer que el daño a un ser sintiente es, innegablemente, una extensión de la violencia machista.

















