El tema de la jornada laboral en México lleva décadas sobre la mesa. Recuerdo cuando era solo una idea lejana, una discusión de café. Hoy, tras años de presión social y estudios, está a punto de convertirse en ley.
El secretario del Trabajo, Marath Bolaños, se sentó con los legisladores clave. Su misión: explicar los detalles de una iniciativa que busca cambiar un estándar histórico.
“La propuesta establece la disminución paulatina de la jornada laboral a partir de 2027 y hasta 2030”, reiteró Bolaños ante las comisiones unidas.
Esa gradualidad es crucial. No es un cambio de la noche a la mañana. Da tiempo a empresas y sectores para adaptarse, algo que he visto fallar en otras reformas apresuradas.
El corazón del cambio es claro: pasar de 48 a 40 horas semanales. La jornada diaria máxima quedaría en 8 horas. Aquí hay un matiz importante: aunque no menciona explícitamente dos días de descanso, una semana de 5 días de 8 horas lo implica casi por lógica matemática.
El proceso legislativo se acelera. Las comisiones prevén aprobar el dictamen este martes. Luego, iría al pleno para primera lectura hoy mismo y discusión final este miércoles.
He visto muchas iniciativas morir en comisión o perderse en trámites. Que esta avance tan rápido habla del consenso político que ha logrado construir. El reloj corre, y los ojos están puestos en la Cámara.

















