La escena gastronómica del país está en modo supervivencia. Hugo Vela, cabeza de la Asociación Mexicana de Restaurantes (AMR), lo dice claro: el bajo crecimiento económico y la pérdida de poder adquisitivo están golpeando fuerte a un sector que vive del consumo local.
El freno económico es real. Vela pone números sobre la mesa: en siete años, el PIB apenas ha crecido 0.6% anual. Y eso tiene un efecto multiplicador negativo.
“Cuando el PIB crece menos del 2%, la industria crece 50% menos”,
advierte el líder empresarial. El panorama es una combinación complicada: más competencia porque han abierto nuevos lugares, pero un mercado que no crece al mismo ritmo.
La inflación aprieta desde la cocina. Los precios de los insumos se han disparado, obligando a ajustar los menús. Además, las plataformas de entrega a domicilio retienen impuestos, lo que afecta directamente la caja de los negocios.
“Esto impacta directamente en la capacidad de inversión y operación del sector”,
explica Vela. Es un doble golpe para el flujo de efectivo.
Una luz al final del túnel. A pesar de todo, hay esperanza puesta en grandes eventos. La industria espera un respiro con el Mundial de Fútbol 2026, que promete generar empleos temporales y aumentar las ventas. La AMR ya prepara menús especiales y estrategias para atraer comensales durante la fiesta futbolera.
El llamado final. Vela es contundente: se necesitan políticas públicas que incentiven la inversión y faciliten la operación. Sin eso, será difícil superar los retos actuales y volver a una senda de crecimiento sostenible para uno de los sectores más vibrantes -y ahora vulnerables- de la economía.

















