Un Cambio en la Cúpula Sanitaria que Habla Volúmenes
En este oficio de la salud pública, he aprendido que los movimientos en los altos mandos regulatorios nunca son casuales. La presidenta Claudia Sheinbaum ha señalado que la designación de Víctor Hugo Borja Aburto para sustituir a Armida Zúñiga Estrada al frente de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) fue una determinación del secretario de Salud, David Kershenobich. Esta explicación, aunque formal, deja un silencio elocuente sobre las razones concretas para remover a una comisionada que apenas llevaba unos meses en el encargo. En mi experiencia, cuando un cambio así no viene acompañado de motivos claros, suele haber una historia más compleja detrás de bambalinas.
Sheinbaum destacó la crucial importancia de la Cofepris, organismo que aprueba medicamentos, alimentos y dispositivos médicos. Es cierto, he visto de primera mano cómo la solidez y credibilidad de esta institución son el pilar de la confianza pública en el sistema sanitario. Por eso, cualquier modificación en su liderazgo debe examinarse con lupa.
El Perfil y el Pasado del Nuevo Titular
Víctor Hugo Borja, médico cirujano con doctorado en Epidemiología, tiene una trayectoria larga en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Sin embargo, su paso por la Coordinación Médica Nacional del extinto Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI) fue brevísimo, de apenas ocho meses en 2021. Ya en este negocio, un paso tan corto por una posición clave siempre levanta cejas; sugiere desacuerdos, ajustes de rumbo o problemas de adaptación que rara vez se hacen públicos.
Pero el punto que realmente exige escrutinio, y lo digo con la preocupación de quien ha luchado por la transparencia, es la denuncia de la asociación Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad. Se le acusa de otorgar directamente, en marzo de 2020, un contrato por 93 millones de dólares a la empresa Levanting Global Servicios LLC para la adquisición de 2,500 ventiladores para pacientes con COVID-19, equipos que nunca se materializaron. La lección dura que nos dejó la pandemia es que la urgencia nunca debe anular los procedimientos. Contratos directos de esa magnitud, sin los debidos filtros, son un terreno fértil para el fracaso y el desvío.
La entonces Secretaría de la Función Pública sancionó a la empresa con una multa y una inhabilitación, no por el incumplimiento principal, sino por entregar “información falsa”. Este matiz es crucial: en la práctica, suaviza la gravedad del hecho de que un suministro vital nunca llegara. La Fiscalía General de la República (FGR) abrió una carpeta de investigación, cuyo curso y conclusiones, hasta donde sé, el público desconoce. Colocar a una figura con este historial pendiente al frente de la máxima autoridad sanitaria envía una señal contradictoria sobre la prioridad de la rendición de cuentas.
La sabiduría en la administración pública enseña que la credibilidad es un activo que se construye lentamente y se pierde en un instante. La Cofepris necesita un liderazgo impecable, no solo en credenciales académicas, sino en integridad probada y libre de cualquier sombra de duda. Este nombramiento, por cómo se ha explicado y por el bagaje que conlleva, plantea más interrogantes de los que resuelve para el futuro de la regulación sanitaria en México.
















