Sheinbaum confirma a Gertz Manero como embajador en el Reino Unido

Un nombramiento que cierra un capítulo y abre otro

Desde esta trinchera, donde he visto desfilar numerosas designaciones diplomáticas, el anuncio de la presidenta Claudia Sheinbaum respecto a Alejandro Gertz Manero no es una simple noticia de gacetilla. Es la culminación de un proceso político típico en nuestras transiciones: la reubicación de una figura clave de un ámbito de alta tensión, como lo es la procuración de justicia, hacia el terreno de la representación internacional. La experiencia me ha enseñado que estas movidas rara vez son casuales; suelen ser el resultado de acuerdos cuidadosamente negociados, tal como se insinuó con ese “acuerdo mutuo” al que aludió la mandataria al referirse a su salida de la Fiscalía General de la República (FGR).

El beneplácito: el primer sí, pero no el definitivo

Cuando Sheinbaum afirmó “Lo puedo ya decir porque ya fue aprobado el beneplácito”, estaba revelando el primer y crucial filtro en este tipo de designaciones. He aprendido, a veces por la vía dura, que el visto bueno del país receptor es un paso protocolario indispensable, pero no garantiza nada por sí solo. Es como recibir la llave de una puerta exterior; aún te falta cruzar el umbral principal. Ese umbral, en nuestro sistema, es el Senado de la República. Y aquí es donde la teoría constitucional choca con la práctica política. El Senado no es una mera cámara de registro; es un campo donde las fuerzas políticas evalúan, negocian y, en ocasiones, condicionan. La ratificación que menciona la presidenta es el verdadero examen, y Gertz Manero, con su extensa y polémica trayectoria, será sin duda un nominado que generará un escrutinio intenso en las comisiones correspondientes.

El relevo en una embajada con historia

Al mencionar que la embajada en Londres está actualmente bajo el mando de Josefa González Blanco Ortiz, el texto original tocaba un punto que va más allá de una simple sucesión. En la diplomacia, el contexto lo es todo. Tomar las riendas de una representación donde la antecesora tuvo un episodio público tan comentado como el retraso de un vuelo en 2019, impone una dinámica particular. Desde mi perspectiva, un nuevo embajador no solo representa al gobierno en turno, sino que también hereda la percepción y los lastres (o los aciertos) de la gestión anterior. Gertz Manero llegará a un puesto que requiere no solo manejo de la relación bilateral con el Reino Unido –un socio crucial en inversión y diálogo político–, sino también una habilidad fina para la gestión de imagen y la diplomacia pública, habilidades que se cultivan en el día a día y que son muy distintas a las requeridas para dirigir una institución de seguridad y justicia.

En resumen, lo que se lee como una nota informativa es, en realidad, un capítulo más en el complejo arte de la colocación política y la diplomacia de Estado. La lección que queda, tras años de observar estos procesos, es que el título de “embajador” se gana primero en los pasillos del poder doméstico y luego se ejerce en los salones del poder extranjero. El viaje de Gertz Manero a Londres, pendiente aún del sí final del Senado, es un ejemplo perfecto de esta dualidad.

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