La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha elevado el tono de su repudio frente a la reciente intervención de Estados Unidos en los asuntos internos de Venezuela. Pero, ¿se trata solo de una condena retórica o existe una estrategia diplomática más profunda en movimiento? Durante el arranque de su gira de trabajo en Tlaxcala, la mandataria no solo reiteró su postura, sino que insinuó la gestación de una respuesta coordinada a nivel continental.
“Nosotros condenamos cualquier intervención y nos guiamos por lo que establece la Carta Magna“, declaró Sheinbaum, yendo más allá de la figura del presidente Nicolás Maduro. “Se trata de los principios del derecho internacional y de la política exterior mexicana que nosotros defendemos. En ese marco se inscribe nuestra condena y nos seguiremos manifestando”, añadió, dejando una pregunta flotando en el aire: ¿Qué forma tomarán esas próximas manifestaciones?
Los Hilos de la Diplomacia Secreta: ¿Quién está llamando a México?
La revelación más significativa no fue la condena en sí, ya esperada, sino lo que vino después. Sheinbaum admitió que, aunque no ha habido contacto directo con el presidente estadounidense Donald Trump, algo está ocurriendo tras bambalinas. “Otros países de América Latina nos han buscado a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores“, confesó. Este dato es crucial. ¿Qué naciones, incómodas con la acción unilateral de Washington, están tendiendo puentes hacia México en busca de liderazgo? La promesa de un “posicionamiento adicional” para hoy o mañana sugiere que estas conversaciones han sido más que meros saludos protocolarios.
La Pregunta Incisiva y la Respuesta Reveladora
Ante la interpelación de si se trataba de un “posicionamiento regional”, la presidenta no eludió la respuesta. Su afirmación fue clara y contundente: “Es importante para América Latina y el Caribe mantenernos unidos. Nos parece fundamental permanecer juntos en la defensa de las leyes internacionales y la soberanía de los países”.
Este breve intercambio desnuda el núcleo de la estrategia. México no está actuando en solitario. Está intentando tejer, a contrarreloj, un frente común. La condena inicial se transforma, así, en el primer paso de una maniobra diplomática de mayor alcance. La verdad que emerge de estas declaraciones no es solo la postura mexicana, sino la evidencia de un malestar regional latente que México busca capitalizar. La conclusión es inescapable: más que un simple comunicado, se prepara una prueba de fuego para la unidad latinoamericana en un escenario geopolítico cada vez más polarizado. La próxima declaración mostrará si la coordinación secreta ha logrado traducirse en una voz colectiva firme, o si las fracturas históricas de la región terminarán por imponerse.















