Diplomacia en tiempos del Mundial: Una perspectiva desde la experiencia
En mi larga trayectoria observando la política exterior, he aprendido que los grandes eventos deportivos, como la próxima Copa del Mundo de 2026, son mucho más que un espectáculo. Son escenarios geopolíticos únicos donde la diplomacia se ejerce entre canchas y gradas. La presidenta Claudia Sheinbaum lo sabe, y su declaración de no descartar una reunión bilateral con el mandatario estadounidense Donald Trump es un movimiento calculado. No se trata de una simple foto oportunista; es un reconocimiento táctico de que, en política internacional, los foros informales a menudo producen avances que las reuniones formales no logran.
La paciencia estratégica: Primero lo comercial, luego lo protocolario
He visto muchos gobiernos precipitarse por un apretón de manos presidencial que brille en portadas. La sabiduría práctica, sin embargo, dicta otra cosa. Sheinbaum lo demuestra al subordinar cualquier posible encuentro al progreso de la revisión del T-MEC. Como bien señala, existe una comunicación permanente a nivel técnico entre los secretarios de Economía y Comercio, Marcelo Ebrard y su homólogo, así como con el Departamento del Tesoro. En mi experiencia, son estos canales, menos glamorosos pero constantes, los que verdaderamente allanan el camino. Una cumbre sin trabajo previo suele ser un evento vacío.
El timing lo es todo: Esperar de dos a tres semanas no es inacción
Su llamado a esperar dos o tres semanas para definir las condiciones del diálogo no es dilación, es prudencia. En estos complejos procesos de renegociación comercial, apresurar los tiempos suele llevar a malentendidos y retrocesos. Ella, con conocimiento de causa, prefiere que sus equipos delineen el terreno antes de dar un paso presidencial. Es una lección que muchos líderes aprenden tarde: la paciencia no es pasividad, es una herramienta de negociación. “Iremos informando todos los días que sea necesario”, afirma, mostrando un enfoque metódico y transparente, alejado del sensacionalismo.
Al final, este episodio refleja una verdad que he constatado una y otra vez: la relación entre México y Estados Unidos, por intensa y a veces volátil que sea, se sostiene en una intrincada red de contactos institucionales. El Tratado Comercial es la columna vertebral, y cualquier gesto político, por alto nivel que sea, debe servir para fortalecerla, no para desviar la atención de ella. Sheinbaum, al vincular un posible encuentro con el contexto del Mundial de Fútbol 2026 y los imperativos del T-MEC, demuestra entender esta compleja dinámica a la perfección.

















