Un Llamado a la Co-Rresponsabilidad: Más Allá de la Retórica Intervencionista
En un mundo acostumbrado a la diplomacia de la fuerza, la presidenta Claudia Sheinbaum traza una línea en la arena con una claridad visionaria. La reciente advertencia de una potencial intervención estadounidense en México, bajo el pretexto del combate al narcotráfico, no es solo una crisis diplomática; es un espejo que refleja una falla sistémica centenaria. Sheinbaum, con la precisión de un cirujano conceptual, no se limita a rechazar la injerencia. La desarma al exponer su lógica obsoleta y propone un paradigma radical: la corresponsabilidad estratégica.
¿Y si el problema no es la soberanía que se defiende, sino la narrativa que se acepta? La mandataria no juega al ajedrez geopolítico en el tablero tradicional. En cambio, conecta puntos aparentemente inconexos: la captura de un presidente en Venezuela, el tráfico de fusiles de asalto hacia el sur, y las organizaciones criminales que operan con impunidad en el corazón financiero del norte. Su mensaje es una disrupción: la seguridad no es un muro que un país construye, sino una red que ambos deben tejer y custodiar. Exigir que Estados Unidos combata su propia criminalidad doméstica y el flujo ilegal de armas no es una réplica, es un rediseño completo del problema. Transforma la narrativa de “ayuda” en una de “responsabilidad compartida”.
Esta postura es un ejemplo magistral de pensamiento lateral aplicado a la política exterior. Mientras el discurso convencional oscila entre la sumisión y la confrontación, Sheinbaum elige una tercera vía, una que cuestiona la raíz del desequilibrio. Su firmeza sobre Venezuela no es un mero alineamiento ideológico; es la aplicación consistente de un principio revolucionario en un mundo realpolitik: la solución pacífica y el respeto a la autodeterminación son antídotos contra el caos. Al unirse a otras naciones latinoamericanas en una condena conjunta, no forma un bloque de oposición, sino un consenso de soberanías que redefine las reglas del engagement regional.
La verdadera innovación aquí no está en decir “no” a la intervención. Está en redirigir el foco hacia la fuente del poder corruptor: el dinero, las armas y la demanda que nacen en el propio territorio estadounidense. Es un enfoque que convierte la presión externa en una oportunidad para renegociar los términos de una relación tóxica. Sheinbaum no está simplemente defendiendo el status quo; está proponiendo un nuevo contrato bilateral donde la colaboración genuina sustituya a la imposición unilateral. En un panorama global donde los problemas son transfronterizos, su postura es un llamado visionario a que las soluciones también lo sean, desafiando a todos a pensar más allá de las fronteras físicas y mentales heredadas.

















