Sheinbaum ve al T-MEC como un pacto indisoluble

En este juego de ajedrez económico global, Claudia Sheinbaum mueve ficha con una convicción clara: el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) está para quedarse. Lo dice con la seguridad de quien ha visto décadas de integración industrial.

“La integración que tiene México con Estados Unidos es muy difícil de romper”, afirmó la mandataria. Y tiene razón. He visto fábricas donde una pieza cruza la frontera tres veces antes de ser un producto final. Esa simbiosis no se desarma con un discurso.

“Creemos que el tratado se va a conservar porque es de beneficio mutuo”

Más allá de la retórica proteccionista que a veces surge al norte, la realidad del suelo fabril es tozuda. Las cadenas productivas son como raíces entrelazadas; cortarlas dolería a todos.

Pero Sheinbaum no se queda cruzada de brazos. Reconoce que en este mundo volátil, poner todos los huevos en una canasta es un riesgo. Por eso su gobierno empuja otras puertas.

“Tenemos conversaciones con todos. Con China, por ejemplo, aun cuando se han tomado decisiones comerciales, no deseamos cerrar el comercio, sino que sea un comercio justo”

La diversificación es el seguro de vida. Acuerdos con Europa y acercamientos en Asia y América Latina son la red de seguridad si algún día la cuerda del norte se tensa demasiado.

Y hay una señal potente: Canadá no solo habla, actúa.

“Viene ahora en febrero una delegación muy grande de empresarios de Canadá, con interés de inversiones en nuestro país”

Eso habla más que mil discursos diplomáticos. Cuando el capital vota con los pies (y con los cheques), es porque ve estabilidad y oportunidad.

Al final, su apuesta más segura no está en los tratados, sino en casa.

“La mayor defensa que tiene México es su pueblo”

Es cierto. He visto comunidades transformarse cuando llega una inversión seria, pero también he visto resiliencia cuando los vientos globales soplan en contra. La fortaleza está en esa combinación: Estado alerta, pueblo trabajador y socios que saben que ganamos juntos o perdemos separados.
El T-MEC puede ajustarse, pero su columna vertebral —esa interdependencia profunda— parece sólida.

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