Un sismo de magnitud 6.5, localizado a 4 kilómetros al suroeste de San Marcos, Guerrero, y registrado a las 8:00 horas de este 2 de enero de 2026, puso a prueba no solo las estructuras físicas sino también la resiliencia de una infraestructura crítica en tiempos de emergencia: las redes de telecomunicaciones. El movimiento, perceptible en varias entidades del país, fue seguido de un fenómeno paralelo documentado masivamente en plataformas digitales: una interrupción generalizada y casi inmediata de servicios de telefonía móvil e internet fijo, generando un escenario de desinformación y dificultad para establecer contacto en un momento de alta tensión.
La evidencia, recopilada a través de reportes de usuarios en redes sociales y confirmada por el monitoreo en tiempo real de plataformas especializadas como Downdetector, apunta a una afectación simultánea en múltiples operadores. Las compañías Telcel, Telmex, Izzi y Totalplay concentraron el grueso de las quejas. La naturaleza de las fallas reportadas no fue homogénea, pero sí reveladora. Para Telcel, el principal operador móvil del país, los problemas se centraron abrumadoramente en la pérdida total de señal, un dato crucial que sugiere afectaciones en los nodos de la red troncal o en el suministro eléctrico de las estaciones base, más que en la congestión típica post-sismo.

En el caso de los proveedores de internet fijo y servicios convergentes como Izzi y Totalplay, las interrupciones se prolongaron significativamente, con usuarios reportando la falta de servicio más de dos horas después del evento telúrico. Esto indica posibles daños físicos en la red de fibra óptica, fallas en los equipos de conmutación local o, nuevamente, problemas con los sistemas de energía de respaldo en los centros de datos y cabeceras municipales. La gravedad de la situación se refleja en el impacto directo en actividades económicas y laborales, como documentan los afectados.

Los datos cuantitativos de Downdetector ofrecen una dimensión técnica precisa del evento. Para Telmex, el 73% de los reportes correspondieron a fallas de internet. Telcel presentó un panorama más crítico, con el 90% de las quejas por falta total de señal. Izzi mostró un incremento sostenido de reportes en la hora posterior al sismo, con un 73% por problemas de conectividad a internet. Totalplay, aunque con menor eco en redes sociales, registró un pico anómalo en la plataforma de monitoreo, con un 79% de reportes por fallas en internet. Esta correlación temporal entre el evento sísmico y los picos en las gráficas de incidencias es demasiado estrecha para ser atribuida a una coincidencia o a una congestión ordinaria.
La respuesta oficial de las empresas ante esta cascada de reportes fue, en el mejor de los casos, escasa y, en otros, inexistente al momento de los hechos. Destaca la declaración pública de un ejecutivo de Telmex, quien afirmó que en la red e inmuebles de la compañía “no se tuvo ninguna afectación”. Esta aseveración contrasta marcadamente con la experiencia de miles de usuarios y con los datos objetivos recogidos por sitios de monitoreo independiente, planteando interrogantes sobre los protocolos de diagnóstico y comunicación de contingencias de los operadores.

Este episodio trasciende la anécdota de una simple falla técnica pasajera. Expone una vulnerabilidad sistémica en una infraestructura que la sociedad da por sentada y que, paradójicamente, se vuelve más vital durante una emergencia. La dependencia crítica de las comunicaciones digitales para la coordinación de la respuesta civil, la verificación del estado de familiares y el acceso a información oficial se vio comprometida en un momento de máxima necesidad. El evento obliga a una reflexión técnica y regulatoria sobre los estándares de redundancia, la robustez de los sistemas de energía de respaldo en todas las capas de la red, desde las torres de telefonía hasta los centros de datos, y la obligación de transparencia y reporte rápido por parte de los concesionarios ante la autoridad y los usuarios. La resiliencia de un país ante los desastres naturales se mide, cada vez más, no solo por la solidez de sus edificios, sino por la fortaleza y confiabilidad de sus redes de comunicación.
















