Desde el Terreno: La Vivienda como Cimiento de la Paz Social
En mis años siguiendo de cerca las políticas habitacionales en México, he sido testigo de cómo los anuncios y las realidades en el suelo a menudo no coinciden. Por eso, cuando veo que Tamaulipas encabeza la entrega de viviendas terminadas con 1,395 casas, reconozco que es una noticia que trasciende la estadística. No se trata solo de un número; es la materialización de un compromiso. Recuerdo proyectos de administraciones pasadas donde las casas prometidas se quedaban en planos. Hoy, ver que estas viviendas están listas para habitar marca una diferencia crucial en la credibilidad de los programas sociales.
El programa federal Vivienda para el Bienestar, con su meta sexenal de 1.2 millones de soluciones, es ambicioso. La experiencia me ha enseñado que la clave no está solo en la meta final, sino en el ritmo de ejecución. Que al primer año, Tamaulipas no solo lidere en entregas, sino que también sea la segunda entidad con más viviendas firmadas (48 mil), solo por detrás de Veracruz, indica un impulso inicial sólido. En este negocio, el momentum lo es todo. Si se mantiene, se puede generar un círculo virtuoso de empleo, desarrollo económico y, lo más importante, estabilidad para las familias.
Lecciones Aprendidas: Más Allá de las Cifras
La senadora Olga Sosa Ruiz menciona un avance del 25% en viviendas contratadas. En la práctica, ese porcentaje es el termómetro de la gestión. He visto cómo la burocracia y la falta de coordinación entre federación y estados pueden frenar un proyecto por años. Un avance del 25% en el primer año sugiere que se están superando esos obstáculos heredados. Sin embargo, el verdadero desafío, que he palpado en cartera propia, es mantener ese ritmo sin sacrificar la calidad constructiva y la dotación de servicios.
El cambio de paradigma más significativo que observo, y que comparto plenamente por las decepciones que he visto, es el que expresa la senadora Sosa: “la vivienda es un derecho, no una mercancía”. Durante décadas, predominó un modelo donde la vivienda era un producto financiero. Las reformas constitucionales recientes, que he analizado a fondo, buscan corregir ese rumbo. La reforma al artículo 123, que permite al Infonavit no solo financiar sino construir y hasta facilitar la renta, es una lección aprendida. Responde a la necesidad de flexibilidad, porque no todas las familias pueden o quieren acceder a un crédito hipotecario tradicional. Es un reconocimiento práctico de la diversidad de necesidades en nuestro país.
Al final del día, tras visitar decenas de desarrollos, la lección más valiosa que puedo compartir es esta: una casa es más que cuatro paredes. Es el lugar desde donde, como bien dice la senadora, se construye la paz. Cuando una familia tiene certeza sobre su hogar, su comunidad se fortalece. El liderazgo de Tamaulipas en este programa es un primer paso alentador, pero el verdadero éxito se medirá en los próximos años, en la sostenibilidad de este esfuerzo y en la transformación real de la vida de las personas. Es un camino largo, pero por lo que se ve, van por buen rumbo.
















