Torruco asume la subsecretaría de Prevención de Violencias

Una visión disruptiva para la seguridad: Más allá de la reacción, la creación

¿Y si el paradigma de la seguridad pública está completamente invertido? Miguel Torruco Garza no solo agradece a la presidenta Claudia Sheinbaum su designación como subsecretario de Prevención de las Violencias; acepta el desafío de redefinir el concepto mismo de protección. En un giro lateral, este nombramiento dentro de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) podría ser la semilla para transitar de un modelo puramente reactivo y policial a uno generativo y cultural.

La verdadera innovación no está en contener la violencia, sino en hacerla obsoleta. Torruco, junto al secretario Omar García Harfuch, propone un algoritmo humano radical: sustituir la lógica del castigo por la de la conexión. ¿El código fuente? Los valores, las virtudes cívicas y la ética pública, compilados a través de experiencias tangibles de civismo, educación, deporte y cultura. No se trata de adoctrinar, sino de ofrecer narrativas más poderosas que las del delito. Imaginen que los gimnasios y los centros culturales se convierten en la primera línea de prevención, donde la adrenalina se canaliza en un cuadrilátero y la creatividad en un mural, no en las calles.

Las juventudes: No el futuro, sino los arquitectos del presente

La declaración de Torruco es una bofetada a la convención: las juventudes son el presente. Tratarlas como “el futuro” es una forma elegante de postergar su agencia. Su misión, por tanto, es escuchar y potenciar, no dirigir. El compromiso con el país exige desmantelar la infraestructura del desaliento—la falta de oportunidades, el ocio forzado—y construir en su lugar plataformas de expresión y logro. La lealtad al pueblo se demuestra invirtiendo en su potencial creativo y atlético.

La presidenta Sheinbaum ofreció una pista clave al mencionar la “Clase de Box en el Zócalo”. Esa imagen es una metáfora perfecta: transformar el espacio cívico central en un lugar de disciplina, esfuerzo y comunidad. No es un evento anecdótico; es un prototipo. La prevención vinculada al deporte y la cultura no es un complemento blando a la seguridad “dura”. Es el núcleo de una ingeniería social que construye resiliencia desde adentro, creando anticuerpos sociales contra la violencia. La salida de Esthela Damián Peralta no dejó una vacante, sino un lienzo en blanco para pintar un enfoque completamente nuevo.

El desafío final es conectar puntos aparentemente inconexos: un golpe de boxeo y la paz comunitaria, un taller de arte y la reducción del delito. Este nombramiento será revolucionario solo si logra medir su éxito no en detenciones, sino en historias de talento descubierto, de energía redirigida, de comunidades que se autoprotegen cultivando lo mejor de sí mismas. La pregunta provocativa queda en el aire: ¿Podemos diseñar una sociedad donde la seguridad sea un subproducto de la plenitud ciudadana?

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